La discusión eterna: el talento se mide por lo que hace, no por el rival

Imagen gracias a: El Universo

La discusión eterna: el talento se mide por lo que hace, no por el rival

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Una historia de 1973, varios ejemplos de grandes figuras y el debate de siempre vuelven a poner sobre la mesa una idea: desacreditar por el nivel del oponente no explica el valor real de un jugador.

En junio de 1973, mientras se tomaban unas cervezas con su hermano Tomasini en El Porvenir, llegaron cuatro hombres a golpear la puerta. Tomasini salió y le informó: “te buscan cuatro gringos”. La respuesta fue inmediata: “¿Para qué?”. La intención era clara: querían hablar con él. Cuando finalmente se encontraron, se trataba de gente vinculada al Barcelona.

Rinus Michels, uno de esos visitantes y bien trajeado, era por entonces el entrenador del Barça y, además, trabajaba para The Times de Londres. El holandés se metió en el callejón donde vivía Hugo Sotil, en un barrio humilde de Lima. Allí entendió que valía la pena: había identificado un talento y no quería dejarlo escapar.

Michels le planteó el plan con urgencia: “a las cinco de la mañana te paso a buscar para ir a la embajada de España a sacar la visa”. Así, sin más, se fue a dormir y todo ocurrió con rapidez. La intención original del viaje había sido llevarse a “El Nene” Cubillas. Sin embargo, esa tarde se enfrentaron Municipal y Alianza Lima, y Municipal ganó con dos goles de Hugo Sotil.

Cubillas venía de ser una figura enorme en el Mundial del ’70 y había sido declarado mejor futbolista de América de 1972. Pero el criterio de Michels cambió. Al ver la gambeta corta del Cholo, su toque de bola, los dos goles y lo que estaba haciendo, decidió: “Cubillas no, éste”.

En el fútbol aparecen frases hechas como “Sí, ¿pero contra quién jugó…?” o “Esa liga es de cuarta”. Con ellas se busca restar mérito, como si desacreditar otorgara sabiduría y, al mismo tiempo, diera prestigio. En la reciente fecha FIFA debutó en Argentina un juvenil de Boca Juniors, Leonel Flores, frente a Bolivia. Jugó 13 minutos y en ese lapso generó desequilibrio con gambeta frontal, atrevida y picante. De inmediato surgieron voces disidentes: “Y, ¿pero contra quién jugó…?”.

La realidad era que Leonel Flores se enfrentó a Bolivia, una selección nacional con futbolistas profesionales de Primera División, la mayoría actuando en el exterior, y contra tres zagueros jóvenes, fuertes, de buena contextura física y bien preparados. No eran muñecos. Y en lugar de mirar el contexto para minimizar, Rinus Michels se enfocó en lo que veía: se dirigió a sus acompañantes y expresó que Sotil era “un fenómeno” y que había que ficharle. Lo llevó y lo juntó con Johan Cruyff, con quien formó una dupla de oro. No se detuvo en el nivel del torneo peruano; se dedicó a observar la técnica individual de Sotil, porque, como se sostiene en el relato, hay que mirar lo que hace el jugador y no solo el nivel del rival.

El argumento de “¿contra quién se hizo?” aparece una y otra vez. El 30 de mayo de 2019, en el Mundial Sub-20, Erling Haaland le marcó 9 goles a Honduras, que no era una selección de discapacitados. Aun así, algunos desde las redes y el debate futbolero replicaron “Sí, ¿pero a quién se los hizo…?”. En cambio, quienes entienden el fútbol posaron la mirada en el gigante rubio y comenzó a ser objeto de posibles transferencias millonarias.

En otro ejemplo, en Argentina hay 3.000 clubes. Héctor Yazalde jugaba en el 3.001: el Club Atlético Piraña. En 1980 fue desafiliado y desapareció de los torneos de la AFA, pero antes había marcado 25 goles en un año en Primera D. Alguien lo vio y dijo: “Es un crack”.

En 1967 fue contratado por Independiente. Fue goleador, pasó al Sporting de Lisboa donde marcó 46 goles en 29 partidos y ganó la Bota de Oro europea. Jugó el Mundial ’74 y luego pasó al Olympique de Marsella. Fue un centrodelantero fenomenal, y quien lo llevó a Independiente no se centró en el “pero mirá contra quién juega…”, sino en Yazalde, no en los contrarios.

Lo mismo ocurrió con Gigi Riva, puntero izquierdo de Italia, tres veces goleador de la Serie A. Gigi marcó apenas 5 goles en 1962 para el Legnano, de la serie C, y aun así varios clubes fueron por él. Algunos advirtieron su gran talento sin importar la categoría.

También se recuerda una anécdota de Roberto Recalt, presidente de Nacional de Montevideo. En 1990 le llegó a las manos una revista “Sólo Fútbol” de Buenos Aires, dedicada a los certámenes del ascenso. Allí vio que Julio César Dely Valdés llevaba 28 goles anotados en Deportivo Paraguayo, un club ínfimo de la Primera “D” del fútbol argentino. Quienes seguían la tabla de goleadores tenían 12 goles, 9… Recalt lo comentó con otros dirigentes: “¿Por qué no lo traemos…?, debe ser barato”. Le respondieron que hizo 28 goles, pero en Primera D. Y Recalt cerró con una lógica devastadora: “Y si fuera tan fácil, ¿por qué no los hicieron otros…?”. A Recalt lo acusaron de comprar un jugador “por catálogo”.

El panameño, sin embargo, tuvo un paso sensacional por Nacional: lo adquirió en 10.000 dólares y lo vendió en cien veces más. En una época en que Peñarol le ganaba incluso con la camiseta a Nacional, Dely Valdés dio vuelta la historia del clásico. Luego triunfó en Europa, anotó muchos goles en el Paris Saint Germain, con el que ganó la Recopa de Europa, y es ídolo eterno del Málaga.

El relato también mira otros contextos. Si Mozambique hoy aparece entre los países más pobres del mundo, en 1957 la diferencia era mayor. Con 15 años, Eusebio debutó en Primera División en el Sporting Clube de Lourenço Marques. En 1960, Ferroviaria, de Araraquara, estado de São Paulo, jugó un amistoso con el Sporting, y su técnico era José Carlos Bauer, figura de Brasil en el Mundial de 1950. En ese enfrentamiento, Eusebio le marcó dos goles a Ferroviaria y Bauer reconoció en él a un supercrack.

Ferroviaria siguió su gira por Portugal. Allí, Bauer se reencontró con Bela Guttman, quien había sido su técnico en el São Paulo FC. Le pasó el dato a Guttman, que era técnico del Benfica, y el club lisboeta se lanzó por quien sería La Pantera Negra, deslumbrante goleador del Mundial ’66. Eusebio había marcado 77 goles en 42 partidos. Los debates actuales, con la misma lógica de siempre, dirían “¿A quién se los hizo…?”. Pero el punto del argumento es otro: había que mirar a Eusebio y no a la precaria liga de Mozambique. En el fútbol, se dice, hay niveles distintos, pero el fenómeno puede aparecer en cualquier parte y hacer goles a los rivales que enfrente.

La misma idea se traslada a Messi. Una vez más, aun pasados los 39 años, es líder goleador con 23 tantos y de asistencias con 12 en la MLS cuando el torneo va por la mitad. Entonces reaparece la frase que se impone: “juega contra unos muertos”.

La Major League Soccer es superior, como mínimo, a 16 o 17 ligas de América Latina, pero en el continente muchos la desacreditan por puro desconocimiento. Además, abastece a la ascendente Selección de Estados Unidos. En la MLS han jugado Stoichkov, Beckham, Ibrahimovic, Thierry Henry, Pirlo, Drogba, Rooney, Kaká, David Villa, Lampard, Schweinsteiger, Gerrard, Matthäus, Cuauthemoc Blanco, Nani, Donadoni, Nesta, Busquets, Jordi Alba. También aparecen Thomas Müller, Luis Suárez y el coreano Son.

Ninguno ha hecho ni el 10% de lo que Messi logró con el equipo que era número 29 entre 29 cuando él arribó. Ha ganado varios títulos, puso a un club ignoto en la consideración mundial, lo valorizó en cientos de millones de dólares, dio un impulso impensable a la liga y al fútbol en Estados Unidos. Don Garber, comisionado de la liga estadounidense, señaló: “El mejor futbolista que haya jugado a este deporte hizo que los ojos del mundo estén sobre la MLS”. Y aun así, en el entorno vuelve la pregunta con arrogancia: “¿Y contra quién juega…?”.

La conclusión que se plantea es la misma que se atribuye a Recalt: si lo de Messi fuera tan fácil, ¿por qué no lo hacen los otros?

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