La avalancha de torneos en Asia evidencia el problema del calendario del tenis

Imagen gracias a: El País (América)

La avalancha de torneos en Asia evidencia el problema del calendario del tenis

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La salida de seis figuras tras su paso por la Laver Cup vuelve a poner en foco un conflicto que crece con el tiempo: cada actor busca maximizar su beneficio dentro de un programa saturado.

Solo cuatro días antes del estreno en Tokio, Carlos Alcaraz, Rafael Jódar y los otros diez participantes —doce en total si se incluyen los dos suplentes que también formaron parte de la cita— salieron de Londres con apremio después de competir en la Laver Cup. No había margen para la pausa: la gira asiática ya estaba en marcha. Algunos viajaron a Pekín y otros a Tokio, con vuelos de diez y catorce horas respectivamente. Todos aterrizaron el martes en su destino, con el desgaste acumulado y la necesidad de ajustar sus ritmos biológicos al cambio horario (seis y siete horas de diferencia) y a un nuevo contexto de competición.

El jueves, seis de los doce jugadores mencionados (Jódar, Taylor Fritz, Casper Ruud, Brandon Nakashima, Flavio Cobolli y Learner Tien) ya no figuraban en los cuadros de esos torneos. Los dos reemplazos, Arthur Fery e Ignacio Buse, también fueron eliminados. Alcaraz logró avanzar gracias a su talento y a la falta de acierto en los momentos decisivos de Alex Michelsen (7-6(1), 4-6 y 6-1). Alexander Zverev, por su parte, tuvo que emplearse a fondo para imponerse a Cameron Norrie (7-6(1) y 6-4). Francisco Cerúndolo también sufrió ante Botic vande Zandschulp (5-7, 6-3 y 6-3). Alex de Miñaur resolvió con menor dificultad frente a Mariano Navone y pasó a la siguiente ronda de forma limpia en dos sets, mientras que del enfrentamiento entre Jakub Mensik y Alexander Bublik solo pudo seguir el primero.

“A los que venimos de la Laver nos ha tocado llegar aquí bastante tarde”, señaló Alcaraz, citado el viernes con el italiano Matteo Arnaldi. El tenista murciano, de 23 años, indicó que la adaptación no fue sencilla y explicó que las condiciones cambiaron: en lugar de la cubierta inglesa, la puesta de largo se dio a cielo abierto en la capital japonesa. Allí aspira a convertirse en el primer tenista en defender el título desde que lo hiciera Pete Sampras (entre 1993 y 1994). En paralelo, Jaume Munar justificó en parte la derrota de Fritz (6-7(7), 6-4, 6-3), al señalar que el norteamericano “venía desde Europa y no es fácil asimilar el cambio”.

El tenis y el calendario, planteó Alcaraz, vuelven a chocar con una realidad que beneficia a todos a la vez: organismos como ITF, ATP, WTA y los cuatro Grand Slams, los torneos y también los jugadores. Estos últimos deben atender obligaciones de carácter mandatory, pero no así otras citas como la Laver Cup, que no suma puntos aunque sí dinero, o algunas exhibiciones que se reparten a lo largo del año. Desde el O2 de Londres, el español retomó una crítica ya expresada semanas antes en Nueva York y puso el foco en la normativa del sistema.

“Siempre he dicho que [el calendario] tiene que cambiar. Jugar un poco menos y no tener tantos torneos seguidos, semana tras semana. Sin duda, yo cambiaría eso”, remarcó. A comienzos de septiembre, durante su paso por el US Open, donde cayó en los cuartos de final, amplió su visión sobre el funcionamiento del circuito y lo que modificaría: “He tenido un parón más largo de lo que quería, siendo sincero. No quería tener este descanso [cuatro meses y medio de baja] por una lesión [muñeca], pero viendo lo apretado que está el calendario, en el futuro haré algunos parones largos; quizá no cuatro meses, pero sí uno o dos meses, perdiéndome algunos torneos, seguro… Porque es imposible jugarlos todos”.

También añadió: “Creo que están añadiendo más torneos importantes y, de alguna manera, nos están obligando a jugar. Puedes decir que no, saltarte alguno y decidir tu calendario, pero si tenemos que jugar todos los torneos obligatorios que la ATP nos exige, estamos fuera compitiendo unas 40 semanas. Eso es imposible. Desde hace tiempo estamos viendo a muchos tenistas lesionarse o bien jugar estando cansados. Si no hacen algo al respecto, vamos a ver todavía más casos en el futuro”.

El hecho es que el jueves, sin transición ni tregua, Jódar llegó literalmente fundido al cruce con Adolfo Daniel Vallejo (6-1 y 6-3, en 1h 07m) y el duelo contra Michelsen le costó mucho. Otros jugadores no lograron superar el corte, y en un breve lapso, las citas de Tokio y Pekín ya habían perdido una cifra relevante de figuras. El panorama descrito responde a un programa frenético que intenta exprimir la competición, mientras torneos cada vez más uniformes buscan un beneficio creciente y los protagonistas —principalmente las figuras— reclaman más ingresos.

La consecuencia es un calendario hipersaturado que desorienta al aficionado, quema a los profesionales —que reiteran el deseo de estar más tiempo en casa— y homogeneiza los torneos. Las fronteras entre unas competiciones y otras se vuelven cada vez menos perceptibles. Además, la ampliación de los Masters y los WTA 1000 —que antes duraban una semana y ahora se extienden a dos, salvo algunas excepciones— reduce los espacios para el descanso y para una preparación adecuada. En ese contexto, el martes Alejandro Davidovich disputó la final de Chengdú, categoría ATP 250, y solo dos días después ya pisó la pista de Japón (500) para intentar superar la primera ronda. No lo consiguió: entre un día y otro hubo un vuelo de cinco horas y una aclimatación a toda prisa que, a todas luces, no funcionó.

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