Jonas Vingegaard se impone en el Blockhaus y marca diferencias en la primera gran jornada de montaña del Giro de Italia

Imagen gracias a: El País (América)

Jonas Vingegaard se impone en el Blockhaus y marca diferencias en la primera gran jornada de montaña del Giro de Italia

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El danés gana la etapa en el Blockhaus y se distancia de los favoritos en el primer día decisivo de ascensos, con el viento como factor determinante. Enric Mas queda afectado por la tormenta y termina perdiendo tiempo.

Desde las playas de Ulises al Adriático de Pescara, con el viento Libeccio soplando a la espalda y chubascos húmedos y violentos, Jonas Vingegaard avanzó en solitario hasta convertirse en el gran protagonista de la jornada.

Con el apoyo de sus exploradores Piganzoli y Kuss, el campeón afrontó la subida al Blockhaus, una ascensión que impone respeto y que, en el relato de la etapa, se asocia a una tierra de bandoleros y héroes rebeldes. El viento, con ráfagas súbitas, golpeó de lado y fue rompiendo al pelotón: cada vez quedaban menos ciclistas, más débiles y más sacudidos. Enric Mas pedaleó casi en la cuneta, mientras Juanpe y Rubio le daban cobertura. Más adelante, Egan Bernal se tambaleó. Afonso Eulálio, con la camiseta de rosa, resistió durante más tiempo, aunque finalmente cedió, sin llegar a perder el liderato que había alcanzado durante la tormenta de Potenza.

A la rueda de Vingegaard, el grupo se redujo aún más en un tramo en el que el camino serpenteaba por un bosquecillo que frenaba el viento. Cuando faltaban cinco kilómetros y medio para la meta, solo Pellizzari, el ágil Gall y algunos más lograban mantenerse cerca. Gall midió el esfuerzo y el austriaco fue escalando con eficacia, mientras Pellizzari, uno de los hermanos pequeños de Pogacar, intentaba aguantar con el corazón como guía.

En la parte final, Vingegaard aceleró: se volvió, se levantó y ganó ligereza para imponer el ritmo. Pellizzari no logró descolgarse de su rueda, aunque finalmente cedió. Gall le superó en el cierre, y el protagonismo de Gall y la osadía de Pellizzari quedaron marcados por la llegada a los muros de Fermo, donde se prevén chispas de cara a los próximos días.

Pellizzari, que guarda en casa en camerino las gafas rosas y la maglia rosa que le pidió a Pogacar tras la victoria del esloveno en el Giro del 24, terminó perdiendo el duelo. La diferencia final fue de 1 minuto y 5 segundos: Mas, en crisis, perdió 5m 47s, dejando el foco español en Markel Beloki, de 20 años, e Igor Arrieta, de 22, que con fuerza reclamaron un lugar en la mesa de los mayores.

La etapa se extendió durante seis horas, una frontera temporal poco habitual en los últimos años del Giro, donde las grandes vueltas suelen presentar recorridos más cortos y mayores velocidades. La travesía de los Abruzos alcanzó 245 kilómetros, con un reto físico para las tripas de los ciclistas: los corredores tuvieron que digerir en marcha tres cuartos de kilo de hidratos de carbono en dosis horarias, mientras que las piernas quemaron 7.000 calorías. Para los equipos, supuso un problema logístico que el Visma resolvió con orden y que Vingegaard completó con un estómago bien entrenado, acompañado de una mirada sentimental hacia su oficio.

Al cruzar la meta, Vingegaard no levantó los brazos: llegó con el pegajoso Gall muy cerca y, de forma particular, adoptó una posición aerodinámica sobre la bicicleta. Sus labios tocaron tres veces el manillar, donde están adheridas las fotos de su Trine y de sus hijos, Frida y Hugo. Después levantó la mano y besó su anillo, en un ritual asociado a su condición de doble ganador del Tour y a la decisión de buscar también el Giro antes de volver a su desafío habitual de julio, el Tour, con Tadej Pogacar como referencia.

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