Joe Baker defiende la educación de su hijo Joey tras la ascensión a El Capitán

Imagen gracias a: El País (América)

Joe Baker defiende la educación de su hijo Joey tras la ascensión a El Capitán

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El padre de Joey, de siete años, explica en una entrevista el sentido educativo de una ascensión viral en El Capitán, al tiempo que aborda las críticas por exposición al riesgo, acusaciones de maltrato infantil y el hostigamiento en redes.

El 22 de mayo, un niño de siete años escaló la pared de El Capitán, de 900 metros, en Yosemite (California), acompañado por su padre, su hermano de 12 años y cinco ayudantes. La hazaña se hizo viral poco después y generó reacciones encontradas: mientras parte de la comunidad escaladora celebró el logro, otra se escandalizó por las imágenes y por el discurso de Joe Baker.

Los medios estadounidenses presentaron la ascensión como un récord de precocidad. Sin embargo, Baker subrayó que Joey no ascendió la ruta conocida como The Nose, sino que utilizó cuerdas fijas y jumars (ascendedores mecánicos). La familia, según el propio relato, no intentó ocultar esta forma de progreso.

Las críticas se intensificaron por la exposición a la que se vio sometido el niño y por los riesgos inherentes a una gran pared, cuya ascensión les llevó seis días. Durante ese tiempo, durmieron en hamacas colgadas sobre el vacío o en repisas naturales de la pared. A ello se sumaron acusaciones sobre un supuesto afán de notoriedad y búsqueda de lucro; además, se mencionó que habían recibido casi medio millón de dólares en aportaciones. También llegaron señalamientos de maltrato infantil.

En conversación con EL PAÍS, Joe Baker defendió el enfoque de la experiencia: “Hay algo que mucha gente no entiende: la montaña nunca es el destino. El verdadero objetivo es la formación personal”.

Para la familia Baker, el cambio de perspectiva se vinculó al nacimiento de su hija Ember el 4 de noviembre de 2021, que vivió una hora y seis minutos. Baker describió esa pérdida como un punto de inflexión: “Fue casi como si Dios hubiera pulsado el botón de reinicio de toda nuestra familia… No quiero despertarme cuando mis hijos tengan 25 años y darme cuenta de que pasé su infancia sentado en una oficina mientras ellos crecían delante de una pantalla. Quiero estar presente. Quiero vivir con ellos historias extraordinarias… Quiero construir esa clase de relaciones que solo pueden forjarse a través de años de experiencias compartidas”.

Apenas un año después, en 2022, Joe y su hijo Sam escalaron El Capitán con las mismas técnicas empleadas con Joey. En 2025, padre e hijo, guiados, llegaron a la cima del Cervino. En 2023, la familia cambió su apellido de Baker a Evermore, en el marco de una misión educadora para sus hijos.

Baker explicó que su responsabilidad como padre es preparar a sus hijos para desafíos futuros y que considera insuficiente enseñar esos valores solo mediante conversaciones: “Hay que crear oportunidades para que los niños experimenten esas cosas por sí mismos. En nuestra familia llamamos a esas oportunidades misiones. Cada año, cada uno de nuestros hijos varones mayores de cinco años recibe una gran misión… Algo que requiere meses o incluso años de preparación”. Para él, El Capitán encajaba en esa idea.

Antes de la ascensión, Joey entrenó durante más de un año de manera específica. Baker detalló que instalaron una cuerda de unos nueve metros en el jardín y que, cinco días a la semana, Joey la ascendía cinco veces: utilizaba sus jumars, cambiaba el sistema de cuerda, descendía en rápel y volvía a repetir. Al inicio, el entrenamiento podía durar una hora; con el tiempo, el proceso se redujo a menos de 20 minutos. También se trabajaron aspectos técnicos y de seguridad, como superar nudos, realizar transiciones, ejecutar maniobras de descenso asistido, usar sistemas de seguridad redundantes y responder cuando algo no salía según lo previsto. Además, afirmó que practicaron el componente mental de la escalada.

El entrenamiento incluyó también una rutina de descanso y preparación: “Colgamos una hamaca en un árbol de casa y dormimos en ella”. Antes de acostarse, hablaban de situaciones difíciles que podrían presentarse. Baker añadió que pasaron mucho tiempo haciendo senderismo, escalando y desarrollando resistencia, y que llevaron a Joey a Lost Arrow Spire para comprobar su desenvolvimiento en una gran pared. Según su valoración, cuando llegaron a El Capitán, Joey dominaba esas habilidades de forma extraordinaria para su edad.

Sobre el balance entre diversión y sufrimiento, Baker reconoció que Joey atravesó momentos difíciles: “No voy a fingir que pasar seis días en El Capitán es como llevar a tus hijos a Disneylandia. Joey lloró aproximadamente una vez al día… A veces, se hacía heridas las manos. Otras, se frustraba… En ocasiones estaba cansado o enfadado…”. Aun así, defendió que existe una diferencia entre incomodidad al conseguir algo difícil y maltrato, y recordó que el llanto no representa la totalidad: “¿Qué pasa con todas las risas? ¿Con los juegos que hacíamos en las hamacas? ¿Con la emoción de ir ganando altura…? ¿Con la alegría de contemplar juntos el valle de Yosemite?”. Concluyó: “Joey nunca pidió bajar. Quería completar su misión”.

Baker también abordó la cuestión del riesgo en Yosemite, donde, a los pies de grandes paredes, hay un flujo constante de turistas mientras las paredes de granito mantienen un carácter salvaje. Señaló que existe un servicio de rescate eficaz (YOSAR), pero recordó que cada año se producen accidentes en El Capitán y que es un lugar peligroso para cualquier escalador. Ante la pregunta de por qué exponer a un niño, respondió que entiende la reacción que provocan las imágenes, pero remarcó la diferencia entre lo que parece peligroso y el entendimiento real de los riesgos: “No le pedimos a Joey que escalara El Capitán en libre… Ascendió por cuerdas fijas y había escaladores experimentados que instalaban las cuerdas por delante de nosotros”. Aun así, insistió en que no desaparecen los peligros: caída de piedras, fallos del material, errores humanos, cambios de tiempo y agotamiento.

En su postura, Baker sostuvo que ninguna montaña merece que se pierda a uno de sus hijos y recordó que en otras escaladas también se han dado la vuelta tras prepararse durante todo un año, como parte de la lección. También criticó una relación “extraña” con el riesgo en la cultura, donde a veces se olvida la responsabilidad de preparar a los niños para la vida.

Entre las consecuencias para la familia Evermore, Baker mencionó el hostigamiento en redes que llegó incluso a denuncias ante el Servicio de Protección de menores de Estados Unidos. Indicó que, una vez revisadas, quedaron cerradas sin mediar investigación. Sobre el acoso digital, afirmó que tiene la piel dura y que algunas críticas le parecen incluso divertidas, incluyendo discusiones sobre si su hijo de siete años tenía derecho a haber escalado El Capitán. Sin embargo, reconoció que lo más desagradable son las acusaciones de maltrato infantil: “Eso sí me entristece… revela algo sobre nuestra cultura… Hay niños que necesitan desesperadamente un padre que les dedique tiempo… Y hay gente que llama a eso maltrato infantil”. Afirmó que está dispuesto a mantener una conversación honesta con quien tenga inquietudes y que distingue entre escaladores preocupados por la seguridad y personas que solo buscan acosar.

Como parte de su proyecto educativo, la familia se plantea crecer con un documental titulado Raise Them Brave (Críalos valientes). Baker lo describió como una película sobre las aventuras de su familia, pero centrada en la importancia de los ritos de paso y el papel de los padres en la formación de los hijos. También admitió que el proyecto implica dinero y que producir un documental de largometraje es caro, por lo que justificó su alianza con patrocinadores y sus proyectos de micromecenazgo. “Si la fama y el dinero fueran mis principales objetivos, se me ocurren muchas maneras más fáciles… Lo que realmente intento es inspirar otra forma de ejercer la paternidad”, añadió.

Durante la ascensión a El Capitán, una cordada que escalaba por debajo del equipo Evermore sufrió un accidente. Los servicios de rescate se movilizaron y, desde la cima, fijaron cuerdas para alcanzar al herido. Mientras duró el operativo, los Evermore no pudieron progresar por la pared ni izar sus petates con comida y ropa de abrigo, un momento que Baker describió como uno de los más severos para Joey y su hermano.

Para Joe Baker, ese episodio también formó parte del aprendizaje: “Quiero que mis hijos crezcan sabiendo que son capaces de hacer cosas extraordinarias… el valor no consiste en no tener miedo, sino en aprender a seguir adelante a pesar de él… casi todo lo que merece la pena conseguir exige sacrificio y perseverancia… hay otra parte… el tiempo que pasamos juntos”. Concluyó con la idea de que, cuando sus hijos sean adultos, espera que recuerden no solo las montañas escaladas, sino que su padre estuvo a su lado: “En realidad, de eso trata todo esto”.

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