De las canchas de Huracán de Quinindé al Balón de Oro 2026: el ascenso de Willian Pacho

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De las canchas de Huracán de Quinindé al Balón de Oro 2026: el ascenso de Willian Pacho

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Willian Pacho pasó de una infancia marcada por privaciones en Quinindé a convertirse en una figura del PSG. Formado en Huracán, su historia incluye una etapa decisiva en Independiente del Valle, el debut profesional en 2019 y el camino que lo llevó a ser nominado al Balón de Oro 2026.

Willian Pacho se formó en el Huracán de Quinindé y hoy compite como una de las referencias defensivas del PSG de Francia.

Desde niño en Quinindé, “Pachito” pensó en otras opciones de vida: incluso le atraían los uniformes y llegó a considerar ser marinero. Con el tiempo, el fútbol terminó imponiéndose.

Con 25 años, es considerado el mejor zaguero izquierdo del mundo y figura entre los 30 nominados al Balón de Oro 2026. La elección se realizará el lunes 26 de octubre de 2026.

Su recorrido hacia la élite se sostuvo en la resiliencia y en un espíritu competitivo que ya se advertía en las polvorientas canchas del Huracán, su primer club en el barrio Valle Alto de Quinindé. El Huracán nació en 2008 con la meta de promover talentos, y el recuerdo de Pacho sigue presente en el equipo que viste de amarillo y rojo, especialmente en directivos como el presidente Rolando Cedeño y el vicepresidente Byron, pieza clave en sus inicios. También influyó Luis Valencia, conocido como “Super Chiwi”, quien acompañó sus primeras etapas y le dio indicaciones para consolidarse como defensor.

De Quinindé a IDV, con escala en Puerto Quito

El club Huracán también destaca formaciones como las de Snayder Porozo —quien este año pasó de Aucas al Royal Antwerp de Bélgica— y Leo Realpe, del Famalicão de Portugal. Sin embargo, su principal orgullo es el futbolista del PSG, que llegó a Quinindé con apenas 12 años.

A esa edad, el nominado al Balón de Oro 2026 ya llamaba la atención por su estatura (1,70 m) y por una lectura de juego en crecimiento. Su rutina combinaba fútbol y estudios en el colegio 3 de Julio de Quinindé, además de apoyar a su madre Glenda en las labores del hogar.

En un testimonio concedido a The Players Tribune, Pacho recordó cómo su madre buscaba sostener económicamente a la familia lavando ropa ajena a mano y manteniendo un pequeño criadero de cerdos. El futbolista recorría casa por casa en el sector Luz de América para pedir lavaza (desperdicios de comida). En varias ocasiones, para alimentar a los animales, debía hurgar con las manos y hundir los brazos hasta los codos en los residuos para rescatar el alimento.

El fútbol apareció como una salida. En 2016, con 15 años, llegó la oportunidad: Byron Cedeño supo que Independiente del Valle realizaría pruebas en Puerto Quito, a una hora y 13 minutos de viaje en bus desde Quinindé. Cedeño, actualmente preparador de arqueros en un club de Segunda División, consiguió el permiso familiar y, con la ayuda de Tony Ramírez (inspector del colegio 3 de Julio), llevó a Pacho a las pruebas para integrarse al elenco de Sangolquí.

En Puerto Quito, “Pachito” mostró sus cualidades en tres partidos relámpago y logró que el cuadro “rayado” se fijara en él para llevarlo a Quito, pese al escepticismo de Glenda Tenorio, su madre, quien no lograba concebir —según el propio testimonio del defensa— “que alguien pueda vivir del fútbol”.

En el Valle de los Sueños, con nostalgia de sus orígenes

En Independiente del Valle, Pacho encontró a su mejor amigo en el fútbol: Moisés Caicedo, apenas 17 días menor. Se entendieron rápidamente y se volvieron inseparables. En el Mundial de Norteamérica 2026, “Moi” y Willian estuvieron siempre juntos y fueron los dos únicos jugadores que compartían habitación en las concentraciones de La Tricolor.

Aprovechando los espacios libres, “Pachito” regresaba a Quinindé para visitar a su familia y para saludar a sus “profes” del Huracán: Byron Cedeño y “Super Chiwi”. Varias fotos de esa etapa muestran el crecimiento de Willian Pacho, quien ahora mide 1,88 m, junto a quienes lo guiaron.

El debut profesional y un día marcado por la pérdida

El español Miguel Ángel Ramírez posibilitó el debut de Willian Pacho en el fútbol profesional. Ocurrió el 2 de noviembre de 2019, en un partido entre Independiente del Valle y Delfín de Manta en Sangolquí, cuando el defensor central tenía 18 años y 17 días.

Ramírez, quien recientemente estuvo en París junto a Pacho durante el partido entre el PSG y el FC Barcelona disputado el martes 20 de octubre de 2026, sostiene que el ecuatoriano integrará el Once Ideal de los premios del Balón de Oro.

Aquel debut en 2019 mezcló la alegría de cumplir un sueño iniciado en Quinindé con el dolor más profundo: la muerte de su madre, Glenda, en la víspera del juego. Ramírez recordó que, por acuerdo con la familia, se decidió esperar hasta el final del partido para comunicarle la noticia a Pacho. “Aún recuerdo los gritos de Willian cuando se enteró de la muerte de su madre. Nos conmovió a todos”, señaló Miguel Ángel Ramírez, exdirector técnico de Independiente del Valle.

Del esfuerzo por salir adelante al salto europeo

En ese momento, el compromiso de Pacho era brillar para sacar a su madre y a su familia de la pobreza. Su fallecimiento, tras una dura lucha contra el cáncer, marcó un antes y un después en su vida.

De acuerdo con Ramírez, en lo psicológico Pacho logró liberarse de la presión de tener que sobresalir por obligación familiar. Sin ese peso, fue desplegando su mejor versión hasta alcanzar la cima del fútbol mundial con el PSG, después de etapas previas en el Royal Antwerp y el Eintracht Frankfurt de Alemania.

Hoy, el futbolista que comenzó soñando con jugar para ayudar a su madre mantiene vivo el origen en las polvorientas canchas del Huracán de Quinindé. Su presente, como nominado al Balón de Oro de la temporada 2026, resume el reconocimiento a un camino construido a base de esfuerzo.

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