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Darío Pazmiño: el futbolista ecuatoriano que dejó Irak para regresar a Quito
Darío Pazmiño contó cómo vivió el inicio de la guerra en Irak mientras jugaba en Al Talaba de Bagdad y cómo, entre ataques con drones y misiles, logró salir de la zona de conflicto para volver a su familia en Quito.
Darío Pazmiño, futbolista ecuatoriano que estuvo en el club Al Talaba de Bagdad, rememora el periodo en el que el deporte dejó de ser prioridad y la supervivencia se convirtió en el objetivo principal. Desde su casa en el norte de Quito, el lunes 13 de abril de 2026, el volante recordó el momento en que el conflicto en Irak se intensizó y cambió por completo su vida.
La escena que aún lo impacta ocurrió en Amarah, en el sur de Irak, cuando las luces del estadio Olímpico de Amarah se apagaron de forma repentina. En ese contexto, Pazmiño y sus compañeros, además de sus rivales del Naft Maysan FC, buscaron refugio tras el destello de drones ‘kamikaze’. Era el 28 de febrero de 2026, y el jugador rememoró que por un instante creyó que podían impactarlos, temiendo por su vida.
Pazmiño no siguió la escalada de la guerra por televisión: la vivió directamente. El 31 de julio de 2025 dejó la camiseta de El Nacional para vestir la del Al Talaba de Irak, el equipo de los ‘estudiantes’. El club, vinculado a la Universidad de Bagdad, se sostiene con fondos públicos del Ministerio de Educación Superior. Aunque el volante valoró la experiencia futbolística, los estruendos de bombas cayendo en edificios cercanos al hotel cortaron su aspiración de trascender.
A los 25 años, Pazmiño viajó solo a Medio Oriente. Mientras su vida transcurría en Bagdad, su familia permanecía en la zona residencial de Mastodontes, en Carcelén, donde vive su corazón. Su padre Wilson, aficionado al fútbol barrial, le enseñó desde niño los secretos del balón, y su madre Viviana Daza es su principal fan. Darío también es hermano de Ana María y Nicolás, y el jugador confesó su devoción por un niño de ocho años que lleva el mismo peinado con degradé en los costados.
Cuando en junio de 2025 la inquietud se instaló en la familia, el empresario Miller Lizarazo puso sobre la mesa una oferta de Irak y la respuesta fue unánime: “Pero si allá no hay fútbol”. Darío pasó de la incredulidad a una búsqueda intensa en internet para encontrar evidencias de fútbol profesional en estadios lejanos. La confirmación llegó con un mensaje de Henry Chávez, expreparador físico de las juveniles de Liga de Quito, quien también se iría a Al Talaba. Para Pazmiño, ese gesto lo dejó claro: si iba el profe, él también.
Los primeros meses en Al Talaba fueron alentadores. Chávez, con experiencia en Medio Oriente, se convirtió en mentor. Sin embargo, a inicios de noviembre de 2025, cuando el volante ya llevaba cuatro meses, ‘el profe’ se fue a Qatar atraído por los petrodólares. Desde entonces, Pazmiño quedó solo en una plantilla de 27 futbolistas donde no se hablaba español, aunque su incipiente inglés le permitía comunicarse. En ese periodo residió en un hotel céntrico de Bagdad y se movía hacia entrenamientos nocturnos en la Universidad estatal sin problemas de seguridad en las calles. En total, jugó 16 partidos y anotó un gol, hasta que la guerra se manifestó con fuerza.
Durante su estadía en Medio Oriente, Pazmiño aprendió sobre la convivencia entre sunitas y chiitas. Su compañero en Al Talaba, Karim Arabi, le explicó las cinco oraciones diarias del Islam. El ecuatoriano contó que los chiitas se pegan “durísimo” en el pecho mientras oran, y lo describió con una mezcla de inocencia e incredulidad.
El conflicto cerró el cielo de Irak al tránsito aéreo y, tras la escalada, el 17 de marzo de 2026 Pazmiño, desde el piso 10 de su hotel, observó con atención el ataque iraní. Desde su ventana grabó con su Iphone 14 el impacto contra el Centro de Apoyo Diplomático de Estados Unidos en Bagdad, donde se reportó el uso de 12 cohetes Grad. Más adelante, en febrero ya había presenciado la lluvia de drones en Amarah, y ahora veía el ataque a edificios estratégicos de Estados Unidos, aliado de Israel en el conflicto. En ese punto, el fútbol dejó de ser importante: la prioridad era salir de la zona de guerra y preservar la vida. En Quito, sus padres en Mastodontes exigían su regreso inmediato.
Además, en Al Talaba cambiaron las condiciones internas: hubo atrasos salariales debido a la transición presidencial entre Abdul Latif Rashid y el nuevo mandatario, Nizar Amidi. Pazmiño explicó que “solo nos pagaban los premios por ganar el partido”, aproximadamente USD 800 por juego, y que en un mes ganaron cuatro partidos. Con ese panorama comenzó el plan de salida. Con ayuda del abogado Christian Morales desde Ecuador, Pazmiño llegó a un acuerdo con el equipo de los ‘estudiantes’ para gestionar su finiquito.
Para abandonar Mesopotamia, tomó un taxi desde Bagdad hacia Zakho, ciudad limítrofe con Turquía, en el extremo norte del país. Fueron 515 kilómetros marcados por el estrés. Con los papeles en mano, debió atravesar numerosos retenes militares y cruzar la entrada al Kurdistán. El futbolista recordó que al llegar a Zakho tuvo que esperar en taxi unas ocho horas, con mucha gente intentando escapar de la guerra. Al día siguiente, permaneció tres horas más en el taxi antes de llegar a Diyarbakir, ya en territorio turco.
La travesía continuó hasta Estambul, donde viajó en avión. Luego, desde la capital turca se trasladó a Ámsterdam con la ayuda de la Embajada ecuatoriana. En Países Bajos tomó un último vuelo de 10 horas hasta Quito.
El recuerdo más reciente para Pazmiño se centra en la mañana del 7 de abril de 2026. Ese día, la angustia terminó al ver el portón color chocolate y las paredes de porcelanato de su hogar. “Sentí que por fin podía descansar”, confesó.
El ecuatoriano fichó por Leones en la LigaPro, aunque su meta de volver a brillar en el fútbol del exterior permanece latente. Sobre una posible vuelta a Irak, afirmó: “Sin dudarlo, fue una gran experiencia. Solo la guerra frustró mi sueño. Pero tengo que volver a intentarlo”.
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