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Darío Benedetto: de la muerte de su madre y el trabajo como albañil a cumplir sueños con Boca Juniors y la selección argentina
Darío Benedetto, futbolista de Barcelona SC, reconstruye una trayectoria marcada por el dolor y la resiliencia: tras la muerte de su madre se alejó del fútbol, trabajó como albañil, incursionó en la música y luego regresó con más fuerza hasta llegar a jugar en Boca Juniors y vestir la camiseta de la selección argentina. Además, cuenta cómo fue su camino en Arsenal de Sarandí y su etapa en México, antes de volver a soñar con el club 'xeneize'.
Darío Benedetto tiene 35 años y es oriundo de Berazategui, un barrio del sudeste de la Provincia de Buenos Aires. Desde chico fue muy apegado a su familia, en un contexto de clase media, con la idea de que “nos arreglábamos como podíamos”. En su entorno se consideraba un niño feliz: iba al colegio y jugaba fútbol con sus amigos, hasta que apareció la motivación por entrenar y el máximo sueño de debutar en primera división.
Probó en las categorías formativas de Independiente de Avellaneda, pero el libro de pases se había cerrado pocos días antes, lo que le impidió fichar en ese momento. Aun así, el cuerpo técnico lo tenía muy en cuenta y le ofrecieron contratarlo apenas se habilitara nuevamente el mercado. En paralelo, no dejó de entrenar y sostuvo la ilusión mientras aumentaba su motivación al pisar una cancha.
“Un dolor inexplicable”
Con 12 años, Benedetto llevaba tres meses entrenando en Independiente cuando la tragedia cambió su vida. Durante un partido por los Juegos Nacionales Evita, en Berazategui, su madre se descompuso mientras él jugaba. A pesar de los intentos para que recuperara signos vitales, falleció en el hospital. Alicia tenía 40 años y sufrió un paro cardiorrespiratorio en plena tribuna, en un momento en el que Darío estaba a la espera de su primer contrato con Independiente.
Darío Benedetto explicó que la muerte de su madre fue un dolor “inexplicable” y que sufrió mucho, aferrándose a su papá y sus hermanos. Confesó que, tras el golpe, pensó en retirarse del fútbol. Pasó días cabizbajo, recurrió a psicólogos y finalmente se alejó de las canchas por más de dos años.
Durante ese período trabajó como peón de albañil junto a su padre, que además se convirtió en su jefe. También tocó los timbales en una banda de cumbia junto a su hermano, un hobby que tenía desde muy pequeño.
Una llamada que lo cambió todo
Con el fútbol todavía lejos, Darío estaba en su casa cuando recibió una llamada de Manuel, un amigo muy cercano a su familia, que le preguntó si quería probarse en Arsenal de Sarandí. Darío pensó que le estaban mintiendo, pero aceptó. Tenía una fecha y hora para asistir a un entrenamiento y no contaba con un par de zapatos, por lo que salió a comprarlos de inmediato.
El día llegó y Benedetto asistió al complejo. Dejó atrás el trabajo como albañil, dejó la música y volvió a enfocarse en el fútbol. Rápidamente llamó la atención de los entrenadores y de sus compañeros. Entrenó durante dos semanas hasta que fue seleccionado y se quedó en el equipo.
A partir de ese momento, escaló de forma progresiva: llegó a la Sub 20, pasó por el equipo de reserva y en enero de 2009 desembocó en Primera. Con ese salto, el esfuerzo y la resiliencia que había sostenido terminaron dando frutos.
Una carrera exitosa y su paso por Boca Juniors
Después de Arsenal, Benedetto también defendió las camisetas de Defensa y Justicia, Gimnasia y Esgrima de Jujuy. En 2013 dio el salto a la liga mexicana: fichó por Tijuana y dos años más tarde fue transferido al América, uno de los clubes más grandes de ese país.
Hasta entonces, el delantero se mostraba satisfecho con su carrera, aunque consideró que en México tuvo un nivel regular y su nombre empezó a sonar fuerte en distintos países. Sin embargo, sentía que le faltaba algo: jugar en Boca Juniors, club del que es hincha desde niño. Ese sueño se concretó en junio de 2016.
Con 26 años, sus derechos deportivos fueron adquiridos por el conjunto 'xeneize', que pagó USD 5,5 millones por su pase y le firmó un contrato por tres años. En ese momento, recordó que recibió críticas en los primeros cinco partidos por la falta de goles, pero aseguró que no se detuvo y que supo llevarlo. También comentó que sintió presión por los comentarios sobre la inversión de Boca, y que finalmente logró responder con resultados.
Benedetto admitió que tuvo que ganarse un lugar en Boca Juniors con esfuerzo y sacrificio. Aunque llegó con ritmo de competencia desde México, sabía que la exigencia y la presión eran diferentes en uno de los clubes más grandes del mundo. En ese plantel, dirigido por Guillermo Barros Schelotto, el objetivo era ganar la mayor cantidad de títulos locales y la Copa Libertadores.
En esa etapa, tuvo competencia interna con Gonzalo Castellani, Christian Pavón, Carlos Tevez, Walter Bou, Sebastián Palacios y Federico Carrizo, todos peleando por un puesto en la delantera. Benedetto sostuvo que lo vivido en Boca lo superó por completo: llegó “como un don nadie” y se ganó su lugar haciendo las cosas bien.
En su primera etapa en Boca Juniors (2016-2019), destacó el cariño de la gente y señaló que las vivencias allí no las volvería a vivir en otras instituciones. También consideró que jugar en el 'xeneize' lo volvió más fuerte, tanto como jugador como persona: explicó que se festejaba un triunfo y al día siguiente se pedía otro objetivo, como ganar el clásico.
Barcelona SC y su “adrenalina”, un punto de quiebre
Hoy, en Barcelona Sporting Club, Benedetto atraviesa una etapa distinta. Más cerca del final que del inicio, cambió su enfoque: prioriza disfrutar sin dejar de competir. Eligió llegar al equipo ecuatoriano por la exigencia y por la adrenalina de jugar en la institución “más grande de Ecuador”, aunque eso implique estar lejos de sus hijos.
Benedetto remarcó que lo que más le interesa de estar allí es la competencia y la exigencia constante en cada partido. También aseguró que encontró un Barcelona SC que quiere hacer las cosas bien y valoró la calidad humana del grupo.
Sobre su presente, dijo que está en el final de su carrera, que quiere disfrutarlo y terminarlo como se merece. Por eso se decidió por Barcelona SC.
¿Festejaría un gol contra Boca en La Bombonera?
Darío Benedetto vivirá un cruce especial: este martes 14 de abril, Barcelona SC visita a Boca Juniors en La Bombonera, por la fase de grupos de la Copa Libertadores. Para el futbolista argentino, será una oportunidad emotiva de volver a la cancha donde fue feliz, ganó campeonatos, enamoró a la hinchada con goles y dejó todo. Aun así, aclaró que si anotara un gol no lo festejaría por respeto al club.
Benedetto señaló que logró lo que siempre soñó en el fútbol, que jugó dos finales de Libertadores sin poder conseguirlas, pero que no descarta disputar otra. También dejó claro que, si llegara a convertir ante Boca, no lo festejaría: es hincha del club y lo seguirá siendo toda la vida, defendiendo la camiseta de Barcelona a muerte con profesionalismo y respeto.
Al ser consultado por el recibimiento de la hinchada, respondió que no sabe cómo será porque la situación está “medio dividida”.
De la lesión más dura al aprendizaje que marcó su carrera
La lección más grande de su carrera llegó cuando atravesaba uno de sus mejores niveles y tenía prácticamente asegurado un lugar en la selección argentina para disputar el Mundial de Rusia 2018. Una rotura de ligamento cruzado, en un partido ante Racing, lo dejó fuera de todo. Benedetto explicó que no hubo una jugada brusca ni un movimiento evidente: simplemente ocurrió. Indicó que vio la repetición y que no se le traba la rodilla, pero que “me tocó”.
El proceso de recuperación fue duro y silencioso: pasó meses lejos de la cancha, trabajando en soledad y acompañado por su kinesiólogo, quien también terminó siendo un sostén emocional. Benedetto resumió que, en este tipo de lesiones, la batalla principal no es física sino mental: la ansiedad, la frustración y la incertidumbre pesan más que cualquier ejercicio de rehabilitación.
Aun así, logró volver, recuperó su nivel y continuó su carrera. Ese camino también le permitió cumplir sueños como su paso por Europa: defendió al Elche y al Olympique de Marsella, con el que jugó la Champions League frente a rivales como el Manchester City, el Porto y el Olympiacos.
Con el tiempo, la lesión dejó de ser solo una herida y se transformó en enseñanza. Le mostró la fragilidad del fútbol y, al mismo tiempo, reafirmó su esencia: incluso en los peores momentos, encontró la manera de levantarse.
Así, Darío Ismael Benedetto afronta la recta final de su carrera con alegría, compromiso y profesionalismo. Lo hizo desde chico y lo hace ahora, con la madurez suficiente como para elegir sus batallas y cerrar una dilatada trayectoria “por todo lo alto”.
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