Casas de apuestas patrocinan al 61% de los equipos en la UEFA Champions League 2026-27 pese a prohibiciones en Europa

Imagen gracias a: Primicias

Casas de apuestas patrocinan al 61% de los equipos en la UEFA Champions League 2026-27 pese a prohibiciones en Europa

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A pesar de las restricciones vigentes en distintos países europeos, 22 de los 36 clubes que disputan la fase de liga de la UEFA Champions League 2026-27 mantienen algún tipo de patrocinio de casas de apuestas.

Jugadores del Real Madrid, PSG e Inter de Milán forman parte de una edición de la UEFA Champions League en la que, pese a prohibiciones y regulaciones, las casas de apuestas lograron mantenerse vinculadas a una gran parte del torneo.

En la fase de liga de la UEFA Champions League participan 36 equipos y 22 de ellos presentan algún tipo de patrocinio relacionado con el sector de las apuestas, lo que equivale al 61%, aun cuando existen prohibiciones en distintos países europeos.

En España, las casas de pronósticos han encontrado la forma de estar presentes en clubes relevantes como Real Madrid y FC Barcelona, pese a que en el país está prohibido que estas empresas aparezcan en camisetas o equipaciones, y tampoco se permite su publicidad en estadios durante la transmisión de los partidos. En el caso de la Champions League, los clubes de otras naciones deben ajustarse a la norma española, por lo que aquellos equipos que tienen casas de apuestas como patrocinadores principales no pueden lucir esos uniformes frente a Real Madrid y FC Barcelona.

Ese fue el escenario del Inter de Milán en su visita al Santiago Bernabéu el 8 de septiembre de 2026, correspondiente a la Fecha 1 de la fase de liga. El club italiano es patrocinado por Betsson, pero en el partido tuvo que presentar la camiseta vacía.

En Inglaterra, la limitación no proviene de una ley, sino de la autorregulación de la Premier League. La medida prohíbe la presencia de casas de apuestas en la parte frontal de las camisetas mediante un acuerdo voluntario entre los 20 clubes, aunque contempla excepciones. Esta restricción comenzó a aplicarse esta temporada: las empresas ya no pueden ubicarse en el frente, pero sí se les permite figurar en mangas, pantalonetas, ropa de entrenamiento, vallas publicitarias del estadio y plataformas digitales.

Italia opera con el Decreto Dignità, aprobado en 2018, que prohíbe “cualquier forma de publicidad, incluso indirecta”, con el objetivo de reducir la exposición de la población a este tipo de actividades y combatir la ludopatía. Sin embargo, la normativa presenta un vacío legal que algunos clubes aprovecharon. La Agcom, regulador de telecomunicaciones en Italia, aceptó que una marca figure como sitio de “entretenimiento deportivo”. El caso del Inter de Milán es el ejemplo más claro.

Desde 2024, el equipo “rossonero” tiene a Betsson.Sport como sponsor en la parte frontal de la camiseta, mediante un contrato de USD 35 millones anuales hasta 2028. En la camiseta del Inter no se lee “Betsson”, sino “Betsson.Sport”, lo que le permite sortear el Decreto Dignità.

En Alemania, Francia y Portugal el marco es más flexible. Sporting de Portugal y Porto, por ejemplo, mantienen acuerdos con compañías de apuestas que incluso aparecen en un lugar destacado de sus camisetas. Bayern Múnich y Borussia Dortmund también conservan relaciones comerciales con empresas del sector, aunque lo hacen mediante fórmulas distintas.

El riesgo no se limita únicamente a la ludopatía. En 1980, Italia atravesó el Totonero, uno de los mayores escándalos de apuestas del país. Jugadores y clubes de la Serie A y la Serie B quedaron involucrados en una trama de partidos amañados ligada a apuestas clandestinas. El Milan y la Lazio fueron dos de los clubes sancionados, y el caso terminó con sanciones deportivas y castigos para varios futbolistas.

Casi tres décadas después, Alemania volvió a ubicarse en el centro de una investigación que sacudió al continente. En 2009, la Fiscalía de Bochum destapó una red que manipuló al menos 200 partidos en nueve países europeos. La investigación llegó a 32 encuentros disputados en Alemania e involucró incluso competiciones europeas: se investigaron tres partidos de la Champions League y otros de la Europa League.

En ese contexto, Europol señaló que los grupos de crimen organizado vinculados a la corrupción deportiva actúan de forma transnacional y que el amaño relacionado con apuestas puede generar beneficios ilícitos de gran magnitud. Además, el Consejo de Europa mantiene la Convención de Macolin, oficialmente el Convenio del Consejo de Europa sobre la manipulación de las competiciones deportivas, como instrumento principal para prevenir, detectar y sancionar la manipulación.

Tonali y el otro escándalo

En 2023, el centrocampista italiano Sandro Tonali reconoció haber realizado apuestas y fue sancionado con 10 meses de suspensión por la Federación Italiana de Fútbol. La sanción incluyó, además, una multa y la obligación de participar en un programa de tratamiento contra la adicción al juego. Tonali admitió haber apostado incluso sobre equipos en los que había jugado, aunque las autoridades no determinaron que hubiera manipulado partidos.

La situación marcó un antes y un después para el fútbol italiano y europeo. Medios locales consideraron que se rompió una frontera que parecía evidente: la que separaba al jugador del apostador. Cuando un futbolista apuesta, el escenario ya no se limita a un aficionado poniendo dinero en un resultado, sino que aparece un conflicto de intereses y, según el tipo de apuesta, una persona con información privilegiada puede disponer de conocimientos que el público no tiene.

Una relación difícil de romper

La paradoja de la Champions League 2026/27 reside en que las restricciones han reducido la visibilidad de las casas de apuestas, pero no necesariamente su presencia económica. Los clubes necesitan ingresos y las compañías buscan exposición. La Champions League, con millones de espectadores y audiencias internacionales, ofrece una asociación directa con equipos y futbolistas de gran popularidad.

El torneo continúa siendo uno de los grandes espectáculos del deporte, pero detrás de sus estadios, contratos millonarios y campañas de marketing persiste una pregunta: hasta qué punto el fútbol está dispuesto a depender de un negocio que sus propias leyes intentan limitar. La Organización Mundial de la Salud advierte que el juego puede provocar daños graves para la salud, incluyendo problemas financieros, deterioro de las relaciones familiares, violencia, trastornos mentales y suicidio, y también reconoce la ludopatía como un trastorno adictivo.

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