Argentina y España: de los vínculos del exilio a la herencia futbolística de Di Stéfano, Maradona y Messi

Imagen gracias a: El País (América)

Argentina y España: de los vínculos del exilio a la herencia futbolística de Di Stéfano, Maradona y Messi

NOTICIAS

La conexión entre ambos países se fue construyendo desde comienzos del siglo XX con jugadores, entrenadores y una cultura de juego que dejó huella en el fútbol español.

Los jugadores de la selección española Gorostiza, Lecue, Lángara, García Salazar, Luis Regueiro, Ricardo Zamora, Campana, Cilaurren, Jacinto Quincoces, Eizaguirre, Ventolra y otros jugadores, en la estación de Delicias, se preparaban para tomar el tren de Lisboa y medirse con la selección portuguesa, en Marzo de 1935.

Aun cuando Inglaterra pudo imponer el dominio durante una hora, Argentina no cedió en identidad. Primero apareció la resistencia a la derrota desde el inicio, cuando Paredes, con su entrada a Bellingham, puso en marcha una estrategia colectiva para dejar un mensaje a cualquier inglés que se acercara a una disputa. Después llegó una presión que no permitió retroceder: un acoso y derribo liderado por Messi, que culminó con una posesión del 88% desde que Gordon estableció el 1-0 en el minuto 54. El zurdo Messi es hoy el principal símbolo de ese cordón umbilical que une al fútbol argentino y al español desde principios del siglo XX. Llegó a España con 13 años, creció allí y se expandió al mundo desde el Barcelona. Cuatro generaciones de españoles lo han visto en su plenitud y ahora contemplan sus últimos momentos en este Mundial.

La final se inscribe en una relación bilateral atravesada por relatos emotivos y por nombres propios que antecedieron a Messi y ayudaron a consolidar un vínculo en el juego entre Argentina y España, cercano a lo familiar. Di Stéfano, Maradona, Kempes, Valdano, Simeone, el Toto Lorenzo, Menotti, Bilardo, Helenio Herrera... En el balance de esa historia destaca que España ha sido y sigue siendo un importador constante de jugadores y entrenadores capaces de dejar marca. Por esa vía, no existe en Europa un país con un grado de argentinización futbolística comparable al de España. Incluso los medios de comunicación, a mediados de los años 90, incorporaron el debate futbolístico-político entre el Menottismo (izquierda) y el Bilardismo (derecha), que encontró en las dos Españas un escenario propicio para desarrollarse.

Con la pelota como puente, Argentina aparece como la madre patria de España, aunque el primer gran lazo lo impulsó la selección de Euskadi, que disputó en el exilio partidos destinados a recaudar fondos para la República durante la Guerra Civil. Entre los jugadores vascos que optaron por no regresar a un país que atravesaba una etapa sangrante, Isidro Lángara se incorporó en 1939 al San Lorenzo de Almagro. Lángara jugó cuatro temporadas con el Ciclón de Boedo: 121 partidos y 110 goles, cifra que lo mantiene como el séptimo máximo goleador de la historia del club.

San Lorenzo volvió a ser protagonista de otro nexo histórico. En 1946, la cerrazón del franquismo llevó a la ONU a ordenar la retirada de Madrid de todos los cuerpos diplomáticos. España recibió el auxilio desde Argentina por medio de Juan Domingo Perón, quien no solo envió toneladas de cereal a un país donde el pan era un bien de lujo, sino que también mandó al San Lorenzo para disputar un carrusel de bolos por Madrid, Bilbao y Barcelona. El fútbol asociativo, basado en triangulaciones y toques precisos de interior, se reflejó en botas de caña y tacos más cortos que los borceguíes usados en España, generando admiración. Esa valoración enterró el desprecio por los jugadores finos que no jugaban en largo. En uno de los amistosos disputados en San Mamés (3-3), comenzó a circular entre el público el comentario de que “San Lorenzo juega como Panizo”, futbolista del Athletic que jugaba más que corría.

Del modo de golpear el balón de los jugadores de San Lorenzo, con esas botas novedosas, surgió una expresión que aún se emplea para describir los goles originados en disparos colocados y ajustados con suavidad. “El gol es un pase a la red”, afirmaban los jugadores argentinos. Siete años más tarde, en 1953, Alfredo Di Stéfano no solo intensificó la rivalidad entre Real Madrid y Barcelona por su fichaje disputado, sino que también cambió el balompié español con su perfil de futbolista total y su obsesión por ganar.

El intercambio también se notó en el lenguaje: el fútbol español incorporó argentinismos como panorama (visión de juego), quite (robo de pelota), el cinco (mediocentro), gambetear (regatear), partido de hacha y tiza (entradas duras), caño (túnel) y canchero (pillo o marrullero), presentes en registros escritos y hablados de la prensa deportiva española.

La autarquía con la que Franco sumió a España impulsó una migración masiva que dio continuidad a la de los inicios del siglo XX. La clase trabajadora, tanto de vencedores como de vencidos, encontró en Argentina una salida frente a la precariedad. En 1956, ese proceso fortaleció otra ligazón al crearse en Buenos Aires el histórico Deportivo Español.

Antes de Maradona, Kempes llegó al Valencia en 1977 para convertirse en el máximo goleador y en el único internacional de los campeones del 78 que no jugaba en Argentina. En 1982, Maradona protagonizó el traspaso más caro de la historia (unos 9 millones de euros) y generó otra revolución, marcada no por las lesiones, sino por su vida nocturna dispersa. Messi, con su llegada, calmó la desazón que había dejado Maradona: tras ser traspasado al Nápoles en 1984, no volvió a jugar durante más tiempo en España. El domingo aparece nuevamente como una demostración de lo que significa esa final, y como el penúltimo capítulo de una relación que continúa sin final.

Si quieres más información visita Poder en los Medios

Compartir