Amor por Lamine y por Cristiano: la transparencia en el fútbol

Imagen gracias a: El País (América)

Amor por Lamine y por Cristiano: la transparencia en el fútbol

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Cristiano Ronaldo convirtió sus declaraciones sobre el Balón de Oro en titulares mundiales con frases como “He sido el mejor y el más consistente”. Con el paso del tiempo, el debate que generaron contrasta con la manera en que Lamine Yamal ha hablado de su lugar entre los mejores, y el texto reflexiona sobre el valor de esas afirmaciones directas y honestas.

Cristiano Ronaldo tenía 23 años cuando, en unas declaraciones que se hicieron virales, afirmó que el Balón de Oro se lo merecía “para ser honestos” él mismo: “He sido el mejor y el más consistente”. En ese momento, su rendimiento con el Manchester United fue extraordinario: 42 goles en 49 partidos, además de conquistar la Premier y la Champions, terminar como máximo goleador de ambas competiciones y ganar la Bota de Oro europea. Aun con esos números abrumadores, la reivindicación personal del mayor premio individual en un deporte colectivo provocó incomodidad.

En 2013, el tono fue distinto y más ligero. Ronaldo dijo: “Lo merezco ganar todos los años”, en broma, y en 2017 aseguró: “No veo a nadie mejor que yo”. Ese mismo año llegó a afirmar: “Soy el mejor jugador de la historia, tanto en los buenos como en los malos momentos”, aunque no especificó cuáles eran esos “malos momentos”. La comparación con otras actitudes públicas también aparece en el texto, incluyendo una referencia a Beckham: en 2004, Beckham fue expuesto en la National Portrait Gallery de Londres con una obra de Sam Taylor-Wood titulada 107 minutos de Beckham sobando, planteada como una muestra de un tipo de exhibición que, según el autor, contrasta con la idea de reclamar muchos premios.

La reflexión también recupera una de las frases favoritas del autor, pronunciada por Cristiano cuando fue silbado en un partido internacional en Zagreb en 2011. Ronaldo explicó su teoría con: “Creo que la gente me tiene envidia porque soy rico, guapo y un gran jugador”. El texto sostiene que esa declaración es “intachable” y recuerda que en su momento fue defendida con fuerza, aunque con el paso de los años el autor dice haberse arrepentido de haberla defendido menos. En ese mismo contexto, se menciona que, en lugar de silbidos en Zagreb, al autor lo pitaban en su blog, donde participaba Juan José Rodríguez-Calaza y Churruchao de Deza, bajo el nick Follandeiro, y se añade que ese mismo año el autor fue a confrontarlo a Patos, Vigo, donde terminó durmiéndose en una bañera llena de ostras.

El artículo contrasta la reacción que generaron las declaraciones de Cristiano, al menos en España, con la atención y fascinación que ha recibido Lamine Yamal. Se recuerda que Yamal ha dicho que es el mejor del mundo con Mbappé y que este año, campeón del mundo, lo merece él. También se señala que Yamal no ha sido tan contundente sobre sí mismo como Cristiano y que, además, ha mostrado más prisa. Para explicar esa diferencia, el texto apunta a la distancia entre Madrid y Barça, indicando que no es lo mismo decir ciertas cosas con una camiseta que con otra, y sugiere que influye la época: la cultura de los chavales, el control del espectáculo, la idea de ponerse una corona imaginaria, reclamar el número uno y ese “aquí estoy yo” que, según el autor, se parece al enfoque cristianesco.

Concluye el texto afirmando que le gusta esa forma de hablar con desparpajo, y lo vincula con una cuestión educativa generacional: para reivindicarse con tanta claridad, habría que romper un pudor difícil de superar. Aun así, el autor subraya que debe hacerse con respeto, sin faltar a nadie, y en un deporte que mueve millones de personas y también grandes cantidades de dinero. En ese marco, el texto plantea como idea central que es “hermoso” que Lamine diga lo que piensa, se salga de la rutina de las frases típicas de futbolista y reflexione con transparencia y honestidad sobre sí mismo y sobre el fútbol, añadiendo que, además, el autor considera que tiene razón.

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