Alejandro Davidovich: paz interior con Pepo Clavet y un Masters 1000 que llega tras meses de tensión y lesiones

Imagen gracias a: El País (América)

Alejandro Davidovich: paz interior con Pepo Clavet y un Masters 1000 que llega tras meses de tensión y lesiones

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El malagueño, campeón en Shanghái, atribuye su estabilidad a la labor de Pepo Clavet tras una ruptura con el argentino Mariano Puerta y destaca cómo el trabajo físico y el ajedrez han reforzado su equilibrio mental.

Alejandro Davidovich, reciente ganador del Masters 1000 de Shanghái, describió el momento que vive con Pepo Clavet en el banquillo como un cambio decisivo hacia la tranquilidad. Tras una etapa marcada por la intensidad y la presión, el malagueño aseguró que el acompañamiento de su entrenador le aporta “tranquilidad y felicidad”, y le ayuda a afrontar el tenis de forma más serena. “Yo vivía todo de forma muy intensa y agobiante, y él me da mucha paz interior. Creo que eso lo transmito y lo expreso después en la pista”, explicó a una selección de medios españoles, entre los que se encuentra EL PAÍS.

Davidovich conquistó el torneo tras vencer a Rafa Jódar en una final de tres sets: 1-6, 7-6(5) y 6-4, en 2h 28m. El partido tuvo fases diferenciadas: un inicio tempestuoso para el rival, una disputa al límite en el segundo set y, finalmente, un desarrollo favorable para el andaluz.

El tenista (27 años) reconoció que durante mucho tiempo su relación con el deporte fue complicada, con tendencia a tocar un extremo. En la temporada anterior, relató la idea de que para entender lo que no se quiere repetir hay que “estar en el barro”. A pesar de un giro de 180 grados y de un intento por encauzar una carrera que calificó de estupenda pero errática, cuando se asomaba a los momentos decisivos —las finales— los resultados no terminaban de llegar. Llegó a encadenar cinco derrotas consecutivas hasta que, en junio, ya cerca de Wimbledon, encontró un desbloqueo en la hierba de Calvià, en Mallorca, donde consiguió su primer trofeo en la élite.

El impacto de ese título, aunque de perfil bajo, tuvo consecuencias posteriores. Desde el banquillo ya trabajaba Pepo Clavet, quien aceptó incorporarse tras una situación complicada con su anterior técnico, el argentino Mariano Puerta. Davidovich recordó que Puerta tomó un vuelo de vuelta a Miami en mitad de Roland Garros y lo dejó “solo”. En París, el malagueño expresó entonces su malestar: “Ya nada puede sorprenderme, me han pasado muchas cosas a lo largo de mi carrera. Pensaba que era muy buena persona, pero ha fallado al equipo. Se ha ido sin decir ni una palabra...”.

Además, el vínculo previo con Félix Mantilla, también había dejado un episodio de fricción. En Montecarlo (2025), en mitad de un encuentro, el preparador abandonó el box por los reiterados desencuentros con el jugador, quien después mostró contrición. Davidovich lamentó públicamente entonces el descontrol emocional: “No he sabido controlar mis emociones. Lo lamento mucho. Mi cabeza me susurraba un montón de mierda. No me he respetado a mí mismo ni a mi equipo”. A partir de ahí, afirmó que encontró en Clavet —y en su hermano Pato, colaborador— el estímulo adecuado para relanzar su tenis.

Davidovich sostuvo que el factor clave no fue solo técnico, sino también emocional. Antes del partido frente a Jódar, señaló que hablaron de nervios y tensión, al considerar que no es sencillo cuando Rafa [11º] mantiene un nivel muy alto. Subrayó que cuesta asumir estar dominado por todos lados y no ver huecos, pero aseguró que mirar a Pepo Clavet le dio tranquilidad: “Sé que confía en mí, y eso me transmite paz y confianza para seguir empujando hasta el último momento”.

El 2026, sin embargo, no resultó un año fácil. A la novedad de los trofeos se sumó el castigo de las lesiones. Un primer parón por abdominales, de un mes, afectó su campaña en tierra, y después, por una zona lumbar, se perdió toda la gira norteamericana. Davidovich explicó que esos dos meses, además de servirle para reflexionar, le permitieron potenciar el apartado físico, que influyó de manera decisiva en la final de Shanghái.

Sobre su preparación, detalló que realizó una pretemporada de cinco o seis semanas y que sabía que no iba a fallar en ningún momento, “salvo en Tokio”, ya que llegó allí muy justo y sin demasiadas fuerzas. También mencionó el contexto tras cuatro días consecutivos compitiendo en Chengdú, marco de su segundo título. En su planteamiento, si se encuentra bien físicamente, mentalmente también se mantiene estable: aseguró que correrá a por todas las bolas y peleará cada punto con más calma.

A esa base física añadió un elemento que, según explicó, oxigena la mente: el ajedrez. Entre partidos y sesiones de entrenamiento, Davidovich y su equipo han invertido tiempo ante el tablero. El tenista afirmó que algunas frases enigmáticas que circularon estos días no eran recados, sino bromas con Pepo Clavet sobre cómo juegan al ajedrez. “Llevamos un mes concentrados y ya estábamos desvariando un poco: ‘Venga, vamos a poner jugadas de ajedrez para divertirnos’. Lo que queremos es pasarlo bien y pensar en otras cosas aparte del tenis, porque estar las 24 horas centrados en lo mismo puede ser un calvario. Hemos disfrutado muchísimo de este mes, desde Chengdú hasta el último día aquí, y estamos muy contentos con el trabajo realizado”.

Finalmente, al ser preguntado por la posibilidad de que este triunfo en un torneo de la envergadura del Masters 1000 sea un punto de inflexión hacia un nivel superior y si podrá sostenerlo, Davidovich respondió afirmativamente. Señaló que la victoria le dará “mucha más confianza” en sí mismo, recordando que “muy pocos ganan un Masters 1.000” y que ese logro lo reafirma para seguir por el mismo camino. También sostuvo que las experiencias acumuladas en cada partido de esta gira le aportarán más fuerza para continuar haciendo las cosas como hasta ahora.

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