Ruanda y la Fórmula 1: entre la promesa de inversión y las críticas por imagen

Imagen gracias a: Primicias

Ruanda y la Fórmula 1: entre la promesa de inversión y las críticas por imagen

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El anuncio de un acuerdo para organizar un Gran Premio de Fórmula 1 en Ruanda, con inicio previsto para principios de la década de 2030, ha despertado reacciones divididas. Mientras el gobierno lo presenta como una inversión estratégica, Amnistía Internacional lo cuestiona por considerarlo un caso de sportswashing.

Mohammed Ben Sulayem, el presidente de Ruanda Paul Kagame y el CEO de la Fórmula 1 participaron en un panel ligado al nuevo GP de Ruanda.

La iniciativa gubernamental se plantea como una “inversión en el futuro de Ruanda”, con una prueba que comenzaría a organizarse a principios de la década de 2030, aunque sin precisar el año exacto.

El martes, Kigali realizó una ceremonia de gran formato para dar a conocer el acuerdo “histórico” entre Ruanda, la entidad propietaria de la Fórmula 1 y la Federación Internacional del Automóvil (FIA).

Ruanda, país sin salida al mar y todavía asociado ampliamente con el genocidio de 1994, ha buscado en el deporte una vía para renovar su imagen, atraer turistas y atraer inversores, apoyándose en su capacidad organizativa.

El proyecto se promociona con un enfoque de glamour, utilizando como telón de fondo las verdes colinas y la rica fauna del país, y se plantea para llegar a una audiencia global.

La Fórmula 1 se presenta como el tercer acontecimiento deportivo más visto del planeta, únicamente por detrás de los Juegos Olímpicos y la Copa Mundial de la FIFA.

Aun así, la propuesta ha generado indignación en algunos sectores. Amnistía Internacional la condenó desde el primer momento calificándola como un acto de “sportswashing”. La ONG sostiene que Kigali estaría “comprando participación” en los deportes más importantes para mejorar su imagen y desviar la atención de su historial en materia de derechos humanos.

Esta crítica también se ha dirigido a la Fórmula 1 en ocasiones previas. En su expansión global, la categoría ha firmado acuerdos con gobiernos cuyo desempeño en derechos humanos es cuestionable, incluidos China y Azerbaiyán.

El año pasado, Ruanda se convirtió en la primera nación africana en acoger con éxito los Campeonatos Mundiales de Ciclismo.

Dentro de su campaña “Visit Rwanda”, Kigali patrocina a varios clubes europeos de fútbol de primer nivel, como París Saint-Germain, además de Los Angeles Clippers de la NBA.

India y Corea del Sur, que construyeron circuitos diseñados para albergar la Fórmula 1, terminaron retirándose cuando las pérdidas económicas comenzaron a aumentar.

Pese a su crecimiento económico, Ruanda sigue siendo un país de bajos ingresos: su PIB per cápita apenas supera los USD 1.100 y ocupa el puesto 159 de 193 países en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, aunque con una mejora constante.

Los críticos se preguntan si el gasto de cientos de millones de dólares para levantar un circuito moderno no sería mejor destinado a sanidad o educación. También señalan las decenas de millones de dólares que, en general, los organizadores de un Gran Premio de F1 suelen cobrar a los países anfitriones por el privilegio de albergar el evento.

Una fuente cercana a la FIA afirmó que Qatar estaba “apoyando” el proyecto ruandés. El país del Golfo, además, construye un nuevo aeropuerto internacional en Bugesera, a 40 kilómetros de Kigali, cerca del lugar donde se levantará el circuito.

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