Paraescalada: el camino hacia Los Ángeles 2028 y el impulso a la inclusión desde el rocódromo

Imagen gracias a: El País (América)

Paraescalada: el camino hacia Los Ángeles 2028 y el impulso a la inclusión desde el rocódromo

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La paraescalada, elegida como deporte que se estrenará en Los Ángeles 2028, gana espacio por su enfoque inclusivo y por los beneficios físicos y emocionales que aporta a personas con discapacidad. Entre los protagonistas, Guillermo Pelegrín, Clara Garrido y Ana Gómez, además del respaldo de programas como Promesas y Relevo Olímpico.

Clara Garrido, del equipo de escalada adaptada de la Fundación También, entrena en la sala de vías de Sputnik Guindalera. Este año participará por primera vez en la Copa y Campeonato de España con la selección de paraescalada de la Federación Madrileña de Montañismo (FMM).

En esa misma instalación, Guillermo Pelegrín (23 años) prueba un bloque con presas de plástico transparente, preparación para la Copa del Mundo. Ciego y con apenas un 1% de visión tras un diagnóstico de enfermedad degenerativa a los tres años, ensaya secuencias para iniciar la escalada. Tras algunos intentos, progresa con movimientos dinámicos que combinan fuerza de brazos, tensión corporal e instinto para colocar los pies, hasta alcanzar el top tras seguir las indicaciones de sus compañeros.

La paraescalada se incorporará como disciplina paralímpica en Los Ángeles 2028, abriendo un espacio pensado para la inclusión mediante el deporte. Pelegrín explica que escala por gusto y que su caso no requiere adaptaciones: “A esquiar no puedo ir solo; necesito a alguien que vaya delante indicándome. Pero sí puedo venir solo al rocódromo y hacer vías [con autoseguro]”, compartiendo el mismo terreno de juego que el resto de escaladores.

Pelegrín, miembro del equipo nacional FEDME de paraescalada, aspira a participar en los próximos Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028, en los que esta modalidad competirá por primera vez. Toni Roy, nuevo seleccionador de paraescalada de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME), señala que la designación paralímpica en 2024 “ha despertado mucho interés, y también recursos”. Desde entonces, la prueba de Copa del Mundo en Innsbruck (Austria), referencia del circuito internacional, ha incrementado su número de participantes un 43%. En las categorías que irán a Los Ángeles, el crecimiento va de 210 en 2024 a 301 en la última edición (15 y 16 de junio). En ese certamen, Paula de la Calle logró el oro en AU3 (amputación en miembro superior); Javi Aguilar y Guillermo Pelegrín obtuvieron la plata y el bronce en B1 (ceguera total); y Daniel Morante sumó otra plata en B2 (ceguera parcial).

Roy añade que, aunque el aumento en el circuito nacional no sea tan marcado, la apuesta de la FEDME está creciendo: el presupuesto de paraescalada, todavía modesto (150.000 euros para 2026), se ha incrementado más de un 50% en los últimos años.

La paraescalada también se integra en programas del Comité Paralímpico Español como Promesas, orientado a la detección y tecnificación de jóvenes deportistas, y Relevo Olímpico, que busca “crear la oportunidad” para que las personas con discapacidad accedan al deporte. Carlota Fernández-Bravo, coordinadora del programa en la Comunidad de Madrid, explica que solo un 0,9% practica deporte a nivel federativo en España y que la meta es que quienes tengan talento y condiciones familiares, sociales y económicas puedan llegar a la élite gracias a una base construida. Desde el inicio del programa en 2016, funciona en siete autonomías. Más de 1.500 personas con discapacidad se han interesado por la práctica deportiva y se han registrado más de 350 nuevas licencias deportivas, un 15,1% más que en regiones donde no está activo. Una de las iniciativas reunió el pasado 28 de junio, en el rocódromo Sputnik Guindalera (Madrid), a una decena de interesados que participaron, junto con sus familias, en una jornada de iniciación con la colaboración de la Fundación También y la presencia de integrantes del equipo FEDME, como Andrea Sánchez, el propio Pelegrín o Ana Gómez.

Ana Gómez (39 años), integrante del equipo español FEDME de paraescalada, comenzó a escalar tras la pandemia y ya acumula resultados en Copa del Mundo. Fue sexta en Innsbruck 2026 en su tercer año en el circuito. Considera Los Ángeles 2028 “un sueño”, aunque su planificación es anual y centrada en objetivos de proceso. Entrena cinco días a la semana y compite para mejorar aspectos concretos, como “los reposos activos”. Rechaza que su historia pueda entenderse como superación “porque nací así”, con agenesia transversal en el brazo izquierdo por debajo del codo (le faltan mano y antebrazo). Para Gómez, la escalada le ha permitido “conectar” con su discapacidad: “No siento que tenga grandes limitaciones a diario y la escalada sí me requiere alguna adaptación”.

Sobre el enfoque social, valora la comunidad que genera el deporte, pero critica el paternalismo y el capacitismo. Señala que, incluso en la escalada de menor dificultad, algunas personas reaccionan con sorpresa por la ejecución, y que la narrativa de “superación” puede desviar el sentido del esfuerzo real. Pelegrín coincide: reconoce que puede ser un referente social o deportivo, pero insiste en que no se trata de “dar ejemplo de superación”. Para él, el énfasis en la discapacidad desvirtúa aquello por lo que realmente se trabaja.

Clara Garrido (33 años) explica que su regreso a la escalada llegó después de una quimioterapia en 2023, que le provocó hipersensibilidad en los dedos de los pies. En la Fundación También encontró una forma de acompañamiento diferente, especialmente con Andrés Santos, coordinador técnico. Garrido resume que Santos identifica el límite de cada persona y, a partir de ahí, “te mete toda la caña del mundo”. Afirma que su transformación fue sobre todo mental: pasó de un periodo de depresión por el cambio de vida a recuperar la autonomía. Para ella, la ansiedad de estar quieta supera al miedo a hacer cosas, y considera que eso no es valentía sino adaptación.

Santos defiende que la escalada aporta beneficios tangibles. En su análisis, existe mejora física en los miembros afectados en cuanto a fuerza y movilidad, especialmente en personas con hemiparesia o parálisis cerebral, aunque el miedo aparece como una de las barreras principales. Afirma que muchas familias son sobreprotectoras y son las primeras en dar un “no”.

Garrido volvió a escalar hace un año tras una medicación que reduce el dolor a la mitad y gracias a ajustes técnicos: le recortaron la punta de los pies de gato para evitar que compriman sus dedos y sube apoyando solo los talones. Comenta que se había acostumbrado a un trato con condescendencia y que, aun con su retorno a la práctica, buscaba correcciones técnicas más que elogios. De esa voluntad surgió el grupo de tecnificación de la Fundación También, con cinco integrantes de discapacidades diversas, que entrenan un día a la semana en la sala Climbat X-Madrid.

El 28 de junio, Garrido recibió su primera convocatoria con la selección madrileña para participar en la Copa y Campeonato de España 2026 en categoría RP2, una categoría no concurrente en Los Ángeles 2028.

Aunque la cita paralímpica se valora positivamente, no genera el entusiasmo esperado entre deportistas y entrenadores que podrían integrar la delegación española. Antonio Curiel, preparador de Guillermo Pelegrín, y Javi Aguilar, seleccionador de paraescalada de la Federación Madrileña de Montañismo (FMM), muestran escepticismo. Curiel considera que ha crecido la participación, el dinero y los recursos para captar jóvenes promesas, pero subraya que primero hay que transmitir por qué gustan la escalada, la montaña y sus valores, no atraer personas solo por tener una discapacidad. También insiste en que el camino hasta competir a este nivel se construye con miles de horas de entrenamiento y sacrificio, no con la condición visual.

Ana Gómez respalda que la exigencia ha aumentado, y cuestiona cuántos de los competidores llegan a ser profesionales. Indica que solo Aguilar y Pelegrín accedieron a una beca ADOP; ella quedó excluida el año pasado por un criterio de edad que considera injusto, al igual que la brecha que se está abriendo entre las categorías que irán a Los Ángeles y las que no.

Pelegrín, divulgador en Instagram donde es ‘Tu ciego de confianza’, se refiere a este fenómeno como el “delirio paralímpico”. Lamenta que antes no se daban tantas reclamaciones y que ahora hay una competitividad más “insana”, en referencia a que el año pasado fue cuestionado por otra selección alegando que veía. Aun así, reconoce que le encantaría acudir a los juegos: para él, sería una experiencia que le permitiría vivir lo que significa ser ciego. Sin embargo, aclara que no romantiza la situación: hay días en los que no le enfada ser ciego y otros en los que acaba muy cabreado y lo expresa. Para Pelegrín, aceptar una discapacidad también implica reconocer ese lado.

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