
Imagen gracias a: El País (América)
Mourinho reconfigura al Real Madrid: del giro táctico en Roma al triunfo en el Camp Nou
El entrenador portugués ajustó su modelo en los últimos partidos y el cambio se reflejó en el clásico. Valverde en la derecha, la mezcla de perfiles en el doble pivote y las bajas obligadas por el contexto marcaron una ruta que el Madrid ya había ensayado antes, con la diferencia de que ahora terminó de asentarse.
El Real Madrid volvió a ganar un clásico tras el triunfo del año anterior en el Bernabéu (2-1) y también superó al Barcelona minimizando su capacidad ofensiva con un derroche, especialmente, de energía. En aquel encuentro se vio a Fede Valverde en el lateral diestro y la actuación de Camavinga, ubicado desde el inicio a la derecha como sorpresa táctica. El festejo en el estadio se vivió con la intensidad de un título, pese a que el equipo llegaba después de cuatro duelos directos perdidos, algunos por goleada. En ese momento, el Madrid contaba con cinco puntos de ventaja sobre los azulgranas, pero con el paso del tiempo ese triunfo quedó en el olvido y se sintió como una alegría que no terminó de consolidarse.
De cara al clásico del domingo, la situación había cambiado de forma notable: desde entonces y hasta antes de ese enfrentamiento, el Madrid acumulaba 19 puntos menos en Liga que su rival (99-80). En ese tramo, el banquillo madridista tuvo tres nombres: Alonso, Álvaro Arbeloa y José Mourinho.
En el largo periodo de caída, el equipo fue mostrando en el césped elementos que luego reaparecieron en el último clásico. Entre esos recursos estuvieron Valverde en la derecha, un centro del campo con componente creativo junto a Tchouameni (Güler con Alonso y también Thiago Pitarch con Arbeloa), y la ausencia de una de las estrellas como vía para equilibrar el conjunto. Ese último aspecto se dio en marzo por las bajas de Mbappé y Bellingham y, posteriormente, con la sanción de Vinicius. Así, aunque el Madrid no recorrió en el Camp Nou un camino completamente inexplorado, sí se marchó con la sensación de haber encontrado una dirección a la que aferrarse en un momento que amenazaba ruina.
El punto de giro llegó con la excursión a Roma, ocurrida 11 días antes. Ese partido supuso el cuarto encuentro seguido en el que el eje del equipo se colocó en Tchouameni y Valverde. Además, la prueba se afrontó por la vía más exigente: ambos más los cuatro atacantes, sin Güler ni Bernardo Silva de inicio. Con el marcador en contra, el equipo solo pudo pasar del 3-1 al 3-4 cuando Mourinho desmontó ese esquema y mandó a Valverde al lateral diestro. A partir de esa dinámica, el entrenador y su cuerpo técnico empezaron a considerar otras alternativas en la zona media. En días posteriores, Mourinho dejó claro que no se cerraba a cambios: “Yo no soy un cabezón, puedo cambiar”. También añadió que “llegará un día que la IA [Inteligencia Artificial] haga los equipos, pero, de momento, yo tomo las decisiones, y estoy abierto al análisis y la opinión de mi staff”.
En las conversaciones internas con sus ayudantes, entendió que era el momento de abrir la mano e incorporar perfiles más creativos en el doble pivote para mejorar la salida de balón. En el encuentro siguiente, ante el Sevilla, bajó a Arda Güler a la base, algo que hasta entonces había evitado. Frente al Leipzig probó a Bernardo Silva en esa zona y mantuvo algo más arriba al turco. En el clásico del domingo repitió la fórmula. Todo ello se sostuvo con Valverde en el lateral, un punto de fricción con Xabi, y con los dos laterales puros en la suplencia por tercera cita seguida (Dumfries y Alexander-Arnold). Además, el contexto defensivo quedó condicionado por el castigo a Vini: el equipo contó con un solo futbolista que regula el cuentakilómetros en tareas defensivas (Mbappé).
Aunque el Madrid ya había vivido algo similar en el año de caída y pitadas, siempre regresaba a la casilla de salida en un bucle que no terminaba de romperse. “Estamos en periodo de conocimiento”, justificaba Mourinho. En el clásico, además, confirmó que en las dos últimas semanas llegó a la conclusión de que al centro del campo le conviene mezclar talentos. Le sigue gustando una pierna fuerte (Tchouameni recuperó este domingo 11 pelotas, el que más del choque), pero a su lado incorporó una opción más creativa. Sobre su elección para el clásico, señaló: “A Bernardo Silva lo conozco muy bien, pero otra cosa es cómo integrarlo en la dinámica del equipo”. El portugués sumó su segunda titularidad consecutiva cuando apenas había disputado 50 minutos en los cinco partidos anteriores. También matizó: “Nunca diré que este es mi equipo base o que este es indiscutible”.
En el clásico, el Madrid encontró un sentido colectivo poco habitual en su recorrido: se cerró bien por dentro y Marc Cucurella se quedó corto en la contención frente a Lamine Yamal. El extremo intentó tres regates ante su compañero en la selección española y solo uno le salió. A Yamal se le negaron los caminos: consiguió un 40% de éxito en sus dribling (cuatro de 10), su segundo peor registro de la campaña (con el Getafe, ni siquiera lo intentó). Desde su debut en 2023, en el medio centenar de partidos en los que buscó 10 o más quiebros, solo en dos ocasiones obtuvo un porcentaje más bajo que el del domingo: ante el Espanyol en noviembre de 2024 (27,7%) y ante el Levante en febrero de este año (33%).
Con el triunfo en el clásico, el Madrid volvió a cuadrar su círculo con recetas ya probadas. En tres jornadas, Vinicius regresa a la Liga.
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