Hansi Flick decide celebrar antes de viajar a Alemania tras la muerte de su padre

Imagen gracias a: El País (América)

Hansi Flick decide celebrar antes de viajar a Alemania tras la muerte de su padre

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El entrenador del Barça, principal artífice del éxito deportivo y simbólico del club, continuó con su rutina pese al fallecimiento de su padre ocurrido la madrugada anterior al Clásico, y se dispuso a volar a Alemania para despedirlo.

Hansi Flick, entrenador del Barça y figura clave del éxito deportivo y simbólico del club, sorprendió por la forma en que gestionó el duelo tras el fallecimiento de su padre, ocurrido la madrugada antes del Clásico. A pesar del golpe, decidió terminar lo que consideraba su obra y celebrarlo antes de viajar a Alemania para despedir a su progenitor.

La noticia llegó con una intensidad que altera el ritmo al principio y que después se vuelve más lenta, según la reflexión que acompañó el momento. Flick, en lugar de detenerse por completo, se rebeló contra el paso del tiempo en un instante en el que el final de algo obliga a recordar la condición de estar vivo. En ese sentido, el técnico citó el dicho alemán: “Man muss die Feste feiern, wie sie fallen [Las fiestas hay que celebrarlas cuando llegan]”.

Cuando le preguntaron por lo sucedido, Flick explicó que esa mañana su madre le llamó para informarle del fallecimiento de su padre. Entonces se planteó si debía ocultar la situación o hablarla con su equipo, pero terminó decantándose por la cercanía: “Pero para mí son como una familia”. Tras conocer la noticia, continuó con su rutina habitual, agotado y conmovido después, con la idea de no perder un clásico que, por su valor, podía definir una Liga.

El compromiso del grupo y el trato cercano en los vestuarios fueron descritos por el propio entrenador como algo especialmente familiar. Flick ha transmitido una devoción intensa por el trabajo y una exigencia marcada. Sin embargo, esa manera de entender el deber puede chocar con otros escenarios, como cuando algunos jugadores dan prioridad a disputar el partido aun sabiendo que su pareja está en el hospital, dejando la visita al recién nacido para después. En el caso de Flick, la historia personal aporta una lectura distinta a esa aparente rigidez.

La relación con su padre, según contó el propio entrenador, no debió ser sencilla. Flick explicó que su progenitor era imprevisible y que convenía anticipar sus cambios de humor. Para entender su forma de liderar, el alemán señaló también su infancia en Mückenloch y la figura exigente de su padre, de la que habló en una entrevista con el Süddeutsche Zeitung: “Estoy muy agradecido a mi padre por todo lo que hizo posible por mí, y sé lo que quería decir con ello. Pero no siempre fue fácil en aquel entonces”.

En su biografía, Flick recordó que cuando era futbolista en el club juvenil BSC Mückenloch y, más adelante, en el SV Sandhausen, no podía prever del todo cómo reaccionaría su padre ante una decepción o un desencanto. Con once años dejó su club de pueblo para incorporarse a uno más competitivo. En un torneo, se enfrentaron en partido al equipo de origen y perdieron 1-0. De regreso a casa, en pleno invierno, su padre le hizo bajar del coche y caminar solo varios kilómetros por el bosque nevado.

Esa incertidumbre, sostuvo Flick, le obligó a desarrollar un talento para adelantarse a las borrascas: interpretar hacia dónde podía dirigirse la tormenta y alejar el barco lo antes posible. Ese mismo enfoque es el que, según el relato, ha aplicado durante estos dos años en el club.

El domingo, Flick volvió a frenar el tiempo en un sentido simbólico: como detuvo la hemorragia del Barça en el verano en que llegó y en el que un Real Madrid campeón de Europa acababa de fichar a uno de los mejores jugadores del mundo. Con la vocación ofensiva que ha mostrado durante su etapa, decidió no mirar atrás demasiado y seguir adelante. El artículo remarca que, en ese proceder, su exigente padre estaría orgulloso.

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