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Guayaquil consolidó una ruta temprana para exportar futbolistas ecuatorianos

Imagen gracias a: El Universo

Guayaquil consolidó una ruta temprana para exportar futbolistas ecuatorianos

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Entre 1935 y la década de 1940, el fútbol de Guayaquil elevó su nivel con entrenadores extranjeros, recibió visitas de clubes sudamericanos y logró que jugadores como Alfonso Suárez y Ernesto Cevallos iniciaran una proyección internacional. El legado también alcanzó a figuras como Jorge 'Chompi' Henriques.

En tiempos en que parte de la juventud desprecia la lectura y minimiza la historia, resulta necesario reivindicar el valor del deporte de Guayaquil y su aporte a la proyección del fútbol ecuatoriano. A lo largo de los años, la ciudad fue construyendo una base que permitió que sus futbolistas trascendieran fronteras.

En 1935, el fútbol guayaquileño alcanzó un nivel técnico aceptable con la llegada de entrenadores extranjeros, entre ellos los ingleses Herbert Dainty y William J. Tear, y el paraguayo Santiago Berino. A esa mejora se sumaron visitas de equipos como Colo Colo y Audax Italiano, de Chile, además de giras al exterior de conjuntos como Panamá, con paso exitoso por Colombia.

A finales de octubre de 1936 arribaron a Guayaquil dos clubes colombianos: Gregg (que más tarde se convertiría en Deportivo Cali) y Deportivo Antioquia. Ambos disputaron varios encuentros ante rivales locales y también frente a Milagro.

El Gregg quedó impresionado por la calidad de dos jugadores porteños: Alfonso Suárez y Ernesto Cevallos. Los futbolistas fueron tentados para sumarse al club como refuerzos en una gira por distintos países de América. Aceptaron la propuesta y, siendo muy jóvenes, se convirtieron en los primeros futbolistas guayaquileños exportados.

Alfonso Suárez recordó hace muchos años, en una tenida en La Palma, el tradicional café porteño, en la que también estuvo Pepito Salcedo Morán, que en el vestuario el presidente de Independiente Rivadavia, de Argentina, que se encontraba jugando en Colombia, se acercó a él y a Cevallos. Les planteó integrar el equipo que se presentaría en Centroamérica, el Caribe y México.

Suárez es considerado uno de los mejores futbolistas ecuatorianos de la historia por su creatividad. Ernesto Cevallos, aunque era pequeño, destacaba por habilidad y picardía; se desempeñaba como half, equivalente a volante en el lenguaje futbolero moderno, o también como alero derecho.

En 1933, alineado como half derecho, Cevallos fue figura en el recordado partido en el que Panamá, tras perder 2-0 con el invicto Audax Italiano, campeón de Chile, terminó imponiéndose 6-3. Ese triunfo quedó en la memoria de quienes presenciaron el encuentro en el viejo estadio Guayaquil.

En 1939, la selección ecuatoriana tomó parte por primera vez en un Campeonato Sudamericano de Fútbol, hoy conocido como Copa América. En el torneo, Suárez y Marino Alcívar —autor de los dos primeros goles ecuatorianos, marcados a Perú en el debut— causaron impresión en los dirigentes del club cubano Hispanoamérica.

Néstor Azúa, español que seguía el certamen, quedó prendado de los dos delanteros guayaquileños y propuso que ambos se incorporaran a Hispanoamérica, de La Habana. Cuba había elevado el nivel de su campeonato con el fichaje de grandes futbolistas españoles que habían huido de la Guerra Civil, y esa mejora se reflejó en la participación de la selección cubana en el Mundial 1938.

La dupla ecuatoriana contribuyó a que Hispanoamérica, recién ascendido, se quedara con el título de Cuba. En las premiaciones, Suárez ganó el Balón de Oro como el mejor jugador del torneo, mientras Alcívar obtuvo el Botín de Oro como goleador.

La proyección de Alfonso Suárez creció con fuerza. En 1940, Independiente (más tarde Millonarios) enfrentaría al primer equipo argentino que visitaba Colombia: Atlanta, de Buenos Aires. En el plantel local ya figuraba Eloy Ronquillo, defensa porteño de gran talla y hábil con el balón. Su fichaje fue solicitado por Fernando Paternoster, experto tanto como jugador en su tiempo como entrenador luego.

Los dirigentes pidieron a Ronquillo que contactara a Suárez para reforzar al equipo. Suárez aceptó, pero la llegada se demoró 20 días a Bogotá por problemas de comunicación. Durante ese tiempo, entrenó cuatro días con sus compañeros bajo las órdenes de Paternoster.

Gracias a la capacidad de contratación del club colombiano, se sumaron también el técnico argentino y los jugadores gauchos Alfredo Cuezzo, Óscar Sabransky, Vicente Lucífero, Antonio Ruiz Díaz y Luis Timón. Con ese refuerzo, el equipo recibió el apodo de “los millonarios”.

El 28 de enero de 1940, los colombianos vencieron a los argentinos. Las mejores críticas recayeron en Suárez. El Tiempo, de Bogotá, destacó: “Alfonso Suárez, el notable futbolista ecuatoriano, dictó cátedra. Suárez fue un verdadero ‘veneno’ para los del Atlanta, los mismos que resultaron impotentes para anular sus rápidas filtradas y vigorosos cañonazos al gol”.

Con el paso del tiempo, el nombre de Guayaquil también se vinculó a la carrera de Jorge 'Chompi' Henriques, un crack que brilló en Chile, Colombia y Ecuador, además de sus actuaciones en los Sudamericanos de 1941, 1945, 1947, 1949 y 1953. En 2016, AS, de Madrid, recordó su trayectoria, señalando que no encajaba en la historia del extranjero típico que llega a Chile para labrarse un futuro únicamente por su talento.

El texto del diario español describió que, cuando era niño, Henriques se instaló con sus padres en el barrio Blanco Encalada, en la comuna de Santiago. Sus primeros contactos con el balón los tuvo con muchachos del sector en el Parque O’Higgins, que entonces se llamaba Parque Cousiño. También se mencionó que su proceso formativo ocurrió en el extinto Green Cross, debutando en el primer equipo en 1940 y permaneciendo en la Cruz de Malta por cuatro temporadas.

Asimismo, se indicó que Henriques tuvo la opción de nacionalizarse chileno y jugar el Sudamericano de 1945 con esa divisa, y que se le reconoció por su aporte defensivo a tal punto que se imaginó la combinación con Huaso Barrera. Tras el torneo, se consignó que fue elogiado por toda la prensa chilena y sudamericana, llegando a ser llamado “el Salomón de los norteños”, en referencia al zaguero argentino José Salomón, conocido en el periodismo gaucho como Puente Roto por la dificultad para superarlo.

Henriques decidió continuar como ecuatoriano y en 1946 protagonizó la más costosa transferencia de la historia del balompié chileno al pasar a Audax Italiano, con el que se coronó campeón. En 1949, dirigentes de Independiente Santa Fe, de Colombia, lo llevaron a jugar en El Dorado. Luego pasó por Sporting de Barranquilla y, al final, regresó a Guayaquil para defender los colores del Club Sport Emelec, donde finalizó su carrera en 1954.

En el caso de Alfonso Suárez Rizzo, su consagración llegó en el Sudamericano de 1941, cuando fue elegido por los periodistas que cubrían el certamen, en una encuesta convocada por el rotativo Últimas Noticias, como el mejor interior derecho, en paralelo a una leyenda del balompié universal: el argentino José Manuel Moreno, apodado más tarde el Charro.

Tras terminar el certamen, Suárez fue fichado por Magallanes, donde estuvo una temporada. Luego pasó a Green Cross, donde coincidió con Chompi Henriques. Suárez permaneció en ese equipo hasta 1944, cuando retornó a Guayaquil.

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