
Imagen gracias a: El País (América)
El verdadero problema del fútbol: la falta de diversidad en quienes deciden
La ministra Milagros Tolón señaló que el fútbol tiene “muchos hombres”, pero el núcleo del asunto no es la presencia masculina, sino la escasa diversidad en los espacios de decisión. Los datos en España y a nivel global muestran una representación muy limitada de mujeres en puestos de presidencia y dirección.
No se trata de contabilizar cuántos hombres o mujeres hay en un palco de un club de fútbol. La cuestión es comprobar si quienes ocupan espacios de poder reflejan la complejidad del entorno. El inconveniente principal es que quienes toman decisiones llevan demasiado tiempo haciéndolo de la misma manera.
Milagros Tolón, ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, afirmó recientemente: “el problema del fútbol es que hay muchos hombres”. Sin contexto ni desarrollo, la frase redujo un tema con aristas múltiples a un eslogan sencillo. El problema del fútbol —como ocurre en otras industrias— no reside en la existencia de hombres, sino en la baja diversidad en los lugares donde se decide. En ese punto, el deporte profesional presenta un desequilibrio difícil de ignorar. En España, de 67 federaciones deportivas, solo una está presidida por una mujer: Elisa Aguilar, en baloncesto. En Primera División, solo Marian Mouriño preside un club, el Celta de Vigo, y apenas un 10% de los puestos directivos están ocupados por mujeres. Además, la mitad de esos clubes no tienen ni una sola mujer en sus juntas directivas. A escala global, de las 211 federaciones miembro de FIFA, solo 10 tienen presidenta y 24 cuentan con secretaria general.
El deporte convive con varios problemas estructurales, y este es uno de ellos. Al comparar con otros sectores, el contraste se vuelve más evidente. En España, la presencia de mujeres en la alta dirección se sitúa cerca del 35%, especialmente en áreas como el gran consumo, la industria farmacéutica, la salud o los servicios profesionales. Incluso en sectores tradicionalmente más rígidos, como la banca, se han observado avances. En cambio, en ámbitos como la energía, las infraestructuras o determinadas áreas de la tecnología —y con mayor intensidad en el deporte profesional— persisten resistencias estructurales más profundas.
El fútbol es un ejemplo claro de ese retraso. Hace décadas, Peter Drucker y Charles Handy advirtieron que las organizaciones que integran distintas perspectivas suelen tomar mejores decisiones y adaptarse con más eficacia al cambio. En una industria global y en proceso de transformación, restringir la diversidad de quienes deciden reduce también la capacidad de evolucionar. Algunos descalabros federativos recientes pueden explicarse, en parte, por esa falta de diversidad, pero también por contextos donde el pensamiento crítico es limitado y donde los equipos directivos, en lugar de aportar contraste, terminan por reproducir y consolidar las decisiones del liderazgo. A esto se suma la predominancia de modelos de liderazgo muy verticales y personalistas, que no favorecen la modernización del sector.
En definitiva, no es un asunto de hombres o mujeres, sino de estilos de dirección que arrastran inercias del pasado y que hoy chocan con una realidad que exige colaboración y adaptación constante. La escasa presencia femenina suele ser, en muchos casos, el síntoma de un modelo de gobernanza más amplio: baja rotación, redes de poder consolidadas y poca apertura al cambio. En el fútbol, como en otros ámbitos tradicionales, la permanencia prolongada en los cargos ha dificultado la entrada de nuevos perfiles.
El fútbol necesita adaptarse a nuevas audiencias, incorporar tecnología, combatir la piratería y responder a demandas crecientes en inclusión y sostenibilidad. Para lograrlo, hacen falta nuevas formas de pensar y gestionar. Ampliar la diversidad en los espacios de decisión no es una cuestión de corrección política, sino una necesidad estratégica. Por eso, más que contar cuántos hombres o mujeres hay en un palco, conviene preguntarse si quienes deciden representan la complejidad del entorno. Tal vez el problema no sea que haya muchos hombres en el fútbol; el problema es que quienes deciden llevan demasiado tiempo decidiendo de la misma manera.
Marian Otamendi, CEO de World Football Summit
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