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Brasil prohíbe las apuestas deportivas y los casinos en línea: el inicio de un endurecimiento que sacude el fútbol sudamericano
Luiz Inácio Lula da Silva anunció la prohibición en Brasil de las casas de apuestas deportivas y los casinos en línea, una medida que entra en vigor con la publicación en el Diario Oficial y que afecta un mercado que supera los 1.000 millones de reales anuales en patrocinios al Brasileirao. El presidente defendió la decisión por sus efectos sociales y económicos, mientras clubes como Flamengo y Corinthians advirtieron sobre el impacto en el fútbol.
Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, anunció la prohibición en el país de las casas de apuestas deportivas y de los casinos en línea. La medida se dio a conocer a nueve días de las elecciones presidenciales y legislativas.
El mandatario, acompañado de varios de sus ministros, encabezó un acto en Sao Paulo en el que formalizó el veto a las llamadas 'bets'. El anuncio incluyó una 'prohibición definitiva' que abarca 'todos los tipos de apuestas digitales', además de la publicidad de las empresas del sector.
El decreto que prohíbe las apuestas por internet comenzará a aplicarse automáticamente al publicarse en el Diario Oficial. No obstante, el Parlamento deberá convalidarlo en un plazo máximo de 120 días para mantener su validez.
Lula ya había criticado las apuestas deportivas en distintos escenarios. En la Asamblea General de la ONU, afirmó que Brasil 'no va a tolerar ese modelo de negocio' que 'transforma el vicio el lucro', al tiempo que 'endeuda y destruye miles de hogares'. En su discurso y postura, el tema se convirtió en una bandera de campaña por los efectos que, según su visión, provoca en la salud de los brasileños y por el aumento del 'endeudamiento de las familias'.
De acuerdo con cálculos del Ministerio de Hacienda, 43,8 millones de brasileños han apostado alguna vez en su vida en plataformas digitales. Otras investigaciones señalaron que quienes apostaban en línea registraron, en promedio, un incremento del 20% en la morosidad y del 38,7% en la deuda con tarjetas de crédito después de iniciar la actividad.
La ofensiva del presidente también generó respuesta desde el fútbol. Lula respondió a la defensa de los clubes grandes de Brasil, liderados por Flamengo y Corinthians, que lanzaron la campaña: 'Las apuestas no se acaban; es el fútbol el que se acaba', al calificar como 'una estupidez' la idea de que acabar con las apuestas deportivas termine con el fútbol.
El debate, según Eduardo Andino, periodista deportivo ecuatoriano, no se limita a lo económico, sino que se relaciona con un problema social. Sostiene que los sectores de menores ingresos son especialmente vulnerables por la publicidad y por la expectativa de obtener ganancias rápidas. En ese marco, advierte sobre dos cuestiones críticas: el endeudamiento y la ludopatía, que puede derivar en un problema de salud mental. 'Los ingresos económicos no deberían estar por encima de la vida de la gente y sobre todo de la gente más pobre', indicó.
La medida se produce pocos días antes de las elecciones generales que se celebrarán en Brasil el próximo 4 de octubre, donde se elegirá al próximo presidente, vicepresidente, se renovará el Congreso y se escogerán a los gobernadores. Muchos analistas consideran que el mandatario y candidato asumió un riesgo político al intervenir en el ámbito futbolístico, aunque Lula sostiene que las apuestas deben salir de Brasil.
Desde 2018, las casas de apuestas se convirtieron en el principal patrocinador del fútbol en Brasil. Estampan las camisetas de 13 de los 20 clubes del Brasileirao, patrocinan torneos, aparecen en los nombres de estadios, están presentes en las transmisiones televisivas y utilizan en sus anuncios la imagen de estrellas actuales o del pasado, entre ellos Neymar Jr., Vinícius Jr. o Ronaldo Nazário.
Flamengo resumió el impacto potencial al señalar que una decisión de esa magnitud afecta al fútbol profesional, las categorías de base, el fútbol femenino, los deportes olímpicos y los campeonatos.
En patrocinios directos, las casas de apuestas aportaron el 7,97% de los ingresos de los clubes brasileños en 2025, según sus balances financieros anuales. Para 2026, los patrocinios directos suman 977 millones de reales (USD 190 millones), con el 71,7% concentrado en cinco clubes: Flamengo (USD 52 millones), Corinthians (USD 29,4 millones), Sao Paulo (USD 22 millones), Palmeiras (USD 19,6 millones) y Santos (USD 13,7 millones).
La reacción de los clubes se enmarca en esa dependencia económica. Flamengo sostuvo que el juego no desaparecerá y que el mercado clandestino, que representa una porción significativa de la actividad, crecerá para ocupar ese espacio.
El caso de Brasil reabre el debate sobre si las casas de apuestas pueden ser expulsadas del fútbol. En Chile, por ejemplo, la Corte Suprema acogió un recurso de la Lotería de Concepción, respaldado por la Polla Chilena de Beneficencia, y ratificó que las apuestas en línea son ilegales en el país salvo que cuenten con autorización expresa por ley.
Ese fallo obligó a Claro, Entel, GTD, Movistar, WOM y VTR a bloquear el acceso a decenas de plataformas. En abril de 2026, la Corte Suprema reforzó la medida al comprobar que el bloqueo inicial no se había cumplido de forma efectiva, reactivando el proceso judicial.
El impacto deportivo también se evidenció: Betsson y Betway tuvieron que cortar sus vínculos como auspiciantes con Coquimbo Unido, Ñublense, Everton, Audax Italiano y Unión La Calera, que debieron tachar o cubrir los logos en sus camisetas.
Uruguay, por su parte, considera a las apuestas deportivas una actividad que debe administrar exclusivamente el Estado, y el Estado se opone a esa actividad, lo que deja al sector fuera del circuito de patrocinios privados que sí opera en el resto de la región.
En Brasil, el endurecimiento no es nuevo. Para el Mundial 2026, el Gobierno exigió que se advierta a los usuarios sobre los problemas de salud asociados a las apuestas y se prohibieron afirmaciones de que las apuestas ofrecen dinero fácil.
Yael Fierro, abogada tributaria especializada en temas de apuestas, indicó que las experiencias de cada país sirven para que los gobiernos evalúen costo y beneficio de prohibir o permitir las apuestas. Explicó que, si se prohíben, la actividad puede desplazarse hacia la clandestinidad; si se permite, el Estado puede establecer reglas, registrar a los operadores y generar ingresos tributarios que incluso podrían destinarse a enfrentar problemas asociados al juego.
Bajo esa lógica, lo que ocurra en Brasil puede influir en el debate regulatorio en países como Ecuador, Argentina o Colombia, aunque cada gobierno deba definir su propio modelo. En el fondo, con la prohibición de las casas de apuestas en el país con el mercado futbolístico más grande de la región, el resto de actores enfrenta una pregunta que se volvió central: qué sucede con un fútbol que construyó parte importante de su modelo comercial alrededor de esta industria.
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