Afonso Eulálio mantiene el rosa y el blanco en el Giro de Italia pese a las dudas del pelotón

Imagen gracias a: El País (América)

Afonso Eulálio mantiene el rosa y el blanco en el Giro de Italia pese a las dudas del pelotón

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Jonas Vingegaard y el pelotón asumen que será complicado desalojar a Afonso Eulálio del podio en la carrera italiana, después de que el portugués conserve el liderato y el maillot de mejor joven.

“El 13 de mayo en Cova de Iría bajó de los cielos la virgen María…”. Así se cantaba en los colegios de la católica España hace unas décadas y también se entonaba en Portugal, donde reinaba la virgen de Fátima. Sin embargo, para Afonso Eulálio, portugués de rosa Giro, esa idea de milagro no tiene sentido: se define como “un obrero del pedal” y responde con ironía cuando se le plantea que, al haberse vestido de líder de la corsa rosa antes del atardecer de un 13 de mayo en la italiana Potenza tras caerse y levantarse, y al no ser considerado un ciclista “importante”, su triunfo debería verse como un milagro.

“Para nada”, contesta el lunes, día de descanso del Giro, en teleconferencia desde el hotel Acapulco de Forte dei Marmi, costa toscana, donde descansa con su equipo, el Bahréin. “No creo en los milagros. Confío más en mi trabajo”.

El portugués recuerda la jornada florentina de septiembre de 2013 que marcó a España y a Purito Rodríguez, cuando Rui Costa, entonces un portugués llamado Rui Costa, derrotó en el Mundial a ciclistas como Purito Rodríguez y Valverde. Afonso Eulálio, con 12 años, sintió “lágrimas de alegría y deseo” al imaginarse algún día llevando el arcoíris de su compatriota. Por el momento, se conforma con el rosa y con el blanco de mejor joven, que sostiene con decisión tras una contrarreloj en la que su tiempo no supuso una cesión relevante: no cedió ni dos minutos al todopoderoso Jonas Vingegaard en 42 kilómetros de una larga recta interminable sin una sola cuesta.

El 13 de mayo también dejó otro motivo de consolidación: el segundo puesto tras Igor Arrieta en una fuga dura e inclemente, con granizo, lluvia y bruma fría en los confines de la Basilicata. Antes de ese desenlace, ya había afirmado que no pensaba mantener el liderato, al considerar que el recorrido era el “peor” para corredores delgados como él y que Jonas era “superbueno”.

Con 24 años, Eulálio se describe como un ciclista duro pese a su rostro apacible y su sonrisa. Su carácter remite a Joaquim Agostinho, figura del ciclismo portugués, soldado y ejemplo de determinación, cuya historia incluye su etapa en Mozambique, donde tras cuatro años se hizo ciclista a los 25. Eulálio también se identifica con la música y el espíritu de sus orígenes, vinculados a los campesinos duros del Alentejo y a José Afonso.

Del mismo modo que lo hizo su idolatrado Rui Costa, y como lo hacen Almeida y el último portugués de rosa y podio en 2023, Eulálio sostiene que disfruta especialmente de las etapas difíciles: “cuanto más duras mejor, con lluvia, viento, frío, montañas”. Como líder del Giro, tras la undécima etapa, pasado el ecuador, conserva 27 segundos de ventaja sobre el favorito Jonas Vingegaard. Explica además que llevar las maglias rosa y blanca le hace sentirse más fuerte y le aporta energía.

No todo el mundo recuerda que el pasado Giro fue el primero en pasar por la cima del Mortirolo, pero sí se mantiene la referencia de su actuación en el Mundial más exigente al que se le conoce: meses después fue noveno en el Mundial con ascensos a Kigali, la capital de Ruanda, donde “bailó” Tadej Pogacar y solo lo terminaron 30 corredores.

La periodista portuguesa Ana Marqués, de la agencia Lusa, cuenta que el técnico António Amorim buscaba ciclistas para su equipo juvenil y descubrió a Eulálio a través de Internet. “Como el mountain bike siempre ha sido buena cantera de ciclistas de carretera vi en Internet los resultados de Eulálio y decidí ir a por él”, relata Amorim. “Le mandé un mensaje por Facebook preguntándole si quería ser ciclista. Me respondió enseguida”.

Amorim lo describe como un chico curioso y con mucha prisa. “Lo preguntaba todo y aprendía muy rápido. No sabía ir a rueda ni colocarse en el pelotón ni bajar al coche a por bidones, las cosas que se aprenden desde cadetes”, señala. También destaca su urgencia por aprender: quería hacerlo “muy rápido” porque sabía que era una carrera contra el tiempo. “Prácticamente, es casi imposible empezar a los 19 años, y llegar a ser el ciclista que está siendo. Todos empiezan como muy tarde a los 14…”.

Eulálio vive con su novia en Cacia, junto a Aveiro. No le gusta leer, baila reggaetón y organiza barbacoas, aunque en los últimos dos meses solo estuvo cuatro días en casa. El 13 de mayo recibió una llamada de António José Seguro, presidente de la República portuguesa, para felicitarle, pero no contestó: “No respondo nunca a los números que no conozco”. Horas después revisó los mensajes y vio de quién se trataba.

Aunque Vingegaard y el resto de rivales que buscarán echarle del podio del Giro ya sospechan que Eulálio no es tan dulce como aparenta y que recuerda a Chiappucci, Amorim se encarga de matizarlo. “Si tiene un poco de fuerzas, intentará ganar algo de tiempo. Nunca se rinde. Es muy fuerte mentalmente. Eso es lo que también me gustó de él cuando lo entrené. No se deja intimidar”, afirma su descubridor, que ahora trabaja como masajista en el EF. Y añade: “Y además, es irreverente. Y eso es muy bueno”.

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