
Imagen gracias a: El País (América)
Abdullah Ibhais: de director de comunicación de Qatar 2022 a tres años en prisión tras negarse a encubrir abusos
Abdullah Ibhais, ex director de comunicación del comité organizador del Mundial, fue detenido en Catar y pasó años encarcelado después de resistirse a desmentir denuncias de impagos y amenazas vinculadas a trabajadores. En una entrevista con EL PAÍS, relata cómo su caso fue silenciado y cuál considera que fue el papel de la FIFA.
En 2019, Abdullah Ibhais dimitió como director de comunicación del comité organizador del Mundial. Posteriormente fue detenido por las autoridades cataríes y llevado a prisión. En una entrevista con EL PAÍS, el jordano recuerda que, cuando dejó de aceptar órdenes, entendió que su negativa lo colocaba como una amenaza.
Ibhais sitúa el origen de su conflicto en el verano de 2019, cuando antes de que el mundo pusiera el foco en Qatar, cientos de trabajadores que levantaban los estadios del Mundial se rebelaron en Al Shahaniya, a las afueras de Doha. Las protestas denunciaban impagos y condiciones laborales infrahumanas. La huelga alcanzó rápidamente a la prensa internacional y generó preocupación dentro del comité organizador, que ordenó a Ibhais desmentir las acusaciones.
El ex responsable de comunicación explica que no quiso emitir un comunicado sin comprobar los hechos por sí mismo. Describe que, al acudir al lugar, vio lo que ya circulaba en redes: problemas de impagos y cientos de botellas de plástico vacías preparadas para ser rellenadas con agua potable, sin que tuvieran agua. También afirma que grabó su conversación con trabajadores que aseguraron que eran parte del comité organizador y que, además de ser silenciados, habían recibido amenazas por convocar la huelga, algo que en Qatar no se reconoce como derecho.
Según su relato, al negarse a desmentir lo que había constatado, sus superiores le insistieron de forma reiterada hasta que decidió dimitir. Afirma que su jefe le advirtió sobre consecuencias y que, en ese momento, comprendió que al dejar de obedecer órdenes pasaba a ser considerado una amenaza.
Dos meses después, siempre de acuerdo con su versión, la advertencia se materializó. Señala que había aceptado quedarse unas semanas más para participar, a petición de la organización, como juez de una licitación con creadores de contenido. El proceso se extendió y terminó sin ganador por falta de méritos de los candidatos. Tras ello, acudió a recursos humanos para tramitar su baja y se encontró con agentes de seguridad del Estado. Cuenta que lo detuvieron y lo trasladaron a un centro penitenciario, donde pidió un abogado. Ibhais recuerda que un oficial le respondió con una amenaza y que, según su testimonio, le dijeron que sabían todo sobre él y que debía confesar. Indica que le presentaron una confesión ya impresa, y que lo presionaron con la posibilidad de cadena perpetua o ejecución si no firmaba.
Al firmar, Ibhais reconocía haber participado en sobornos para atentar contra la seguridad nacional de Qatar y haber cometido fraude en la licitación de los creadores de contenido. En respuesta a este periódico, la FIFA mantiene que estos hechos tienen total veracidad. Días después fue liberado gracias a un juez sudanés —no catarí, como subraya—, que consideró que el caso había sido fabricado. Según su relato, no hubo juicio y quedó en libertad bajo fianza, sin poder salir del país hasta enero de 2021, cuando recibió su sentencia por correo electrónico: “Me habían condenado a cinco años de cárcel”.
Ibhais afirma que apeló de inmediato. Indica que llamó a la FIFA para pedir apoyo, pero que la institución se limitó a emitir un comunicado breve en el que decía que “cualquier persona merece un juicio justo”. Desde entonces, asegura que fue ignorado. También señala que contactó con ONG y medios de comunicación y que logró dos entrevistas, pero que cuando iba a grabar una tercera con la televisión pública noruega [NRK], detuvieron a los periodistas y a él. Recalca que esa fue su segunda detención y que esta vez permaneció más de tres años.
Con el proceso de apelación aún en marcha, Ibhais entró en la prisión nacional de Al Rayyan (Qatar) la mañana del 15 de noviembre de 2021. Describe que lo llevaron a una sala pequeña con más de 30 personas esperando ser clasificadas y que comenzaron a dormir unas encima de otras. Señala que inició una huelga de hambre y que un alto cargo del centro le dijo que no le importaba si moría allí dentro y que no tenía órdenes de mantenerlo con vida. Para Ibhais, el objetivo era silenciarlo.
Un año después, vivió la final del Mundial para la que había trabajado dentro de prisión. No fue liberado hasta marzo de 2025, tres años y cuatro meses después de su segunda detención. En ese contexto, afirma que la FIFA fue cómplice “por omisión, por silencio” y, en particular, por proteger la narrativa de Qatar, al considerar que solo le importaba el beneficio económico.
Tras salir de prisión, y ya en Jordania con su familia, Ibhais sostiene que la gobernanza está “podrida” y critica que no exista una postura ética frente a violaciones de derechos humanos. También asegura que lo ocurrido en Qatar “volverá a ocurrir”, y menciona que, en la final del último Mundial de Clubes celebrado en EE UU, el ICE de Trump sacó a un hombre del estadio MetLife de Nueva Jersey y lo deportó del país, planteando la pregunta sobre quién permite que los estadios se conviertan en trampas para inmigrantes.
Finalmente, Ibhais indica que trabaja para que la FIFA responda por lo sucedido y que, a comienzos de marzo, envió con sus abogados estadounidenses una carta formal al organismo rector del fútbol mundial para obtener respuestas antes del día 27. Señala que la FIFA eligió el silencio una vez más y que considera presentar un recurso en Suiza. Concluye que, aunque se ve como “un granito de arena en el desierto”, no se detendrá hasta agotar lo que esté en su mano para que los responsables rindan cuentas.
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