Orán y las crisis que, para algunos, siempre acaban conectadas con el Real Madrid

Imagen gracias a: El País (América)

Orán y las crisis que, para algunos, siempre acaban conectadas con el Real Madrid

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En una conversación en el Instituto Cervantes de Orán, el encuentro con Othmene Rached deriva de libros y bibliotecas hacia una preocupación que él asocia con el Real Madrid. Entre menciones al Madrid y Barcelona, y el ambiente futbolero que se vive en Argelia tras un título africano, el relato muestra cómo el deporte puede marcar el ánimo en tiempos difíciles.

Charla en Orán, Argelia, ciudad en la que Camus ambientó La peste, junto a Nuria Barrios y el director del Instituto Cervantes, Juan Manuel Cid. La conversación fluye con naturalidad: se habla de libros y bibliotecas, y se observa al público heterodoxo que asiste al acto, destacando que se trata de un grupo internacional. También hay traducción simultánea; en el caso del narrador, la traducción se realiza directamente al español por su “famosa vocalización”.

En medio de la charla, aparece un muchacho con un gesto claramente preocupado. La sensación no parece responder a lo académico ni a lo bibliográfico, sino a una clase de inquietud que, con los años, el narrador vincula con el Real Madrid: una cara de crisis, como si “se estuvieran yendo al carajo todos”. El joven se llama Othmene Rached.

Rached estudió en el Cervantes durante un tiempo, pero más adelante tuvo que ponerse a trabajar. Cuenta que un día le dijo a su familia que se iría a peregrinar a La Meca y, tras llegar, se presentó en la concentración del Madrid en Arabia Saudí. Allí se grabó y se fotografió con la plantilla y con el presidente. Con el paso del tiempo, el narrador lo observa en redes y concluye que Rached es influencer, con capacidad para atraer público, especialmente árabe. En ese contexto, el narrador menciona su propia impresión de que su “cosmopolitismo” alcanza su punto más alto en lugares inesperados, siempre apoyado en el mismo recurso: el Madrid.

Al terminar el acto, el narrador se encuentra con Rached, que le formula preguntas para su canal. Dos amigos le acompañan con cámaras y micro. Rached está interesado en la intimidad de las estrellas: cómo son en el vestuario y qué anécdotas tiene el narrador sobre ellos. A la vez, el narrador se pregunta qué le habrán dicho sobre su identidad, y bromea con la posibilidad de que sea Lucas Vázquez.

Durante la conversación, el narrador gira el tema hacia la forma en que Rached percibe en Orán la voladura controlada de cada año en blanco. También pregunta si Rached vio la rueda de prensa de Florentino y qué se sabe allí de Mbappé y Arbeloa, si están mejor. Sin embargo, Rached parece centrado en la celebración y en el disfrute de las fiestas. El narrador confiesa que le envidia ese espíritu, sobre todo cuando las circunstancias personales son más difíciles que las del resto; en ese caso, incluso las cosas que alegran pueden convertirse en un motivo de tortura si se piensa demasiado.

Rached explica que en Argelia hay dos polos fuertes y que ambos, según él, se relacionan con Madrid y Barcelona. En el antiguo barrio español, abandonado y derruido, donde las autoridades libran lo que el narrador describe como una guerra contra la memoria y la belleza, un grupo de niños juega con algo que intenta ser un balón. El más talentoso es un zurdito que lleva una camiseta de Lamine Yamal.

Rached pregunta cómo lo ve el narrador y este responde que le envía por Instagram su intervención en Hora 25. Indica que fue la primera causa por la que llamó la atención de quien luego sería la madre de su hijo. También recuerda que, en un bar de Pontevedra, le preguntaron por la nueva política local de aparcamientos públicos, y que le envió al móvil una columna sobre el tema. El narrador añade que, a veces, hay que hacer este tipo de gestiones para conseguir el teléfono de alguien.

“Rached, todo vuelve, también el Madrid”, le dice el narrador, y añade una idea: imaginar que no volviera, imaginar media España sin nada qué odiar. Reconoce que a muchos merengues les disgusta ese odio y les altera, mientras que él sostiene que, si alguna vez el antibarcelonismo llegara a ser superior al antimadridismo, sería mejor “coger las cosas e irse para casa”. No lo presenta como consuelo, sino como una observación a distancia durante unos días, con dos o tres horas de conexión a internet, y en medio de la convivencia con chicos de Orán que se esfuerzan por aprender español porque es el idioma de su equipo.

Esa misma noche, horas después del acto en el Cervantes, el USM Argel gana a los penaltis la Copa de Confederaciones Africana en El Cairo al Zamalek egipcio. Al día siguiente, en Argel, la capital, los coches siguen pitando con gente colgada de las ventanillas y con banderas. El narrador le dice a Rached que aún van a celebrar algo este año, pero él no parece convencido.

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