Muslera cumple 40 años y el debate sobre la edad vuelve a girar alrededor del portero

Imagen gracias a: El País (América)

Muslera cumple 40 años y el debate sobre la edad vuelve a girar alrededor del portero

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Fernando Muslera llegó a los 40 años el 16 de junio, en plena disputa del Mundial, y el análisis de un posible error se tiñe una vez más con el peso del tiempo: cuando un fallo aparece a esa edad, se interpreta como decadencia.

Fernando Muslera celebró sus 40 años el 16 de junio, en pleno Mundial. La fecha no es habitual para recibir elogios: en el imaginario de “medio país”, esa cifra se asocia de inmediato con el paso del tiempo y con la idea de que cualquier fallo se explica por la edad.

La reflexión parte de recuerdos personales del propio autor, que rememora una discusión de infancia en casa cuando descubrieron que Muslera pedía cosas sin permiso a Círculo de Lectores. En ese momento, el conflicto se interrumpió por la llegada de un repartidor con Bad de Michael Jackson y Las brujas de Roald Dahl, detalle que ilustra cómo pequeños elementos pueden desviar discusiones.

En el caso deportivo, el texto recuerda que Bielsa decidió devolverle la titularidad a Muslera. A partir de ahí, se plantea una cuestión central: 40 años puede resultar “escandaloso” para un extremo, pero no necesariamente para un portero. En el fútbol, se sugiere que un arquero bien cuidado puede sostenerse durante años, incluso antes de que empiece a notarse la pérdida física.

Sin embargo, el argumento sostiene que a Muslera le toca la “maldición” que suele atribuirse a los veteranos en distintos ámbitos: cuando algo sale mal, se interpreta como consecuencia directa de la vejez. Se plantea así que un error similar en un portero más joven no habría sido leído igual. El texto insiste en que, con 25 años, el fallo contra España podría haberse explicado como cantada, distracción o mala suerte, mientras que con 40 se transforma en señal de decadencia, como si la causa estuviera escrita por el tiempo.

Se cuestiona si, en la parada que se analiza, realmente se nota un factor diferencial ligado a la edad. El texto afirma que no se aprecia esa razón si el portero llega al balón, si el disparo no lo supera por tensión en el palo o por reflejos claramente lentos. La posibilidad de que el problema estuviera en otro cálculo, como la fuerza del remate, queda planteada como alternativa. Aun así, lo “sintomático” sería la tendencia a culpar a los años, subrayando que esa explicación dice más de lo que se cree.

El análisis compara esta dinámica con antecedentes penales que parecen no borrarse: la edad actúa como un argumento que facilita que todo se dé por resuelto. Se mencionan ejemplos como los de Casillas en su última etapa, donde las paradas que antes se celebraban como milagros empezaron a verse como obligación, y el caso de Buffon, al que se le perdonaban cosas porque logró convertir la vejez en épica. En contraste, Muslera no habría tenido tiempo de transformar esa etapa en una narrativa similar.

También se señala una contradicción del fútbol: se celebra a los veteranos como si fueran “robles” mientras no se les caiga una rama. Pero cuando aparece un error, la lectura cambia y la veteranía se convierte en explicación automática. El texto afirma que Muslera no se habría escapado ni del tiempo ni del balón, sino del prejuicio de sus aficionados desquiciados. Y remata con una idea general: cuando Messi, por ejemplo, lance un pase salvaje desde el centro del campo, se dirá que lo hace bien por algo más que la edad, como si el juicio dependiera de si el resultado sale o no.

En el fútbol y en la vida, concluye el artículo, todo termina dependiendo de que las cosas salgan sin que se sepa exactamente por qué a veces salen mal.

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