
Imagen gracias a: El País (América)
Múnich: otra cuenta pendiente para el Real Madrid
Para una generación de madridistas marcada por la Quinta del Buitre, el recuerdo del Olympiastadion y la goleada del Bayern de Múnich en la 86-87 sigue pesando. Aun así, el Real Madrid también acumula eliminatorias favorables en Alemania y en la Champions ha impuesto su dominio en varias ocasiones.
Nuestra generación, la de madridistas que creció con la Quinta del Buitre, suele ubicar en el 5-0 de Milán en 1989 el final de una etapa: el punto de quiebre del proceso de la Quinta y, con ello, el cierre de la infancia. Para muchos, ese momento también significó el fin de las ilusiones en la Copa de Europa. En el camino influyeron varios nombres, desde Sacchi hasta Gullit, Rijkaard y Van Basten. Que aquella noche abriera un antes y un después lo refleja que Sacchi terminara como director deportivo del Madrid años más tarde, y que Carlo Ancelotti, primer goleador de ese partido, sea hoy el entrenador con más títulos en la historia del Madrid.
Sin embargo, antes de San Siro existió una palabra que imponía respeto: Olympiastadion. Y junto a ella, un puñado de nombres asociados a una pesadilla: 4-1. Ese marcador corresponde a la paliza del Bayern de Múnich al Madrid en las semifinales de la Copa de Europa de la 86-87, con el Bayern de camiseta roja y pantalón azul. En aquel equipo destacaban Pfaff, Aughentaler, Brehme, Matthäus y Soren Lerby. El encuentro quedó grabado por el pisotón de Juanito en la cabeza de Matthäus. Desde ahí se explica la avalancha alemana, desatada contra el mejor Madrid de los 80. Fue una noche donde se mezclaron lo mejor y lo peor del fútbol de entonces: intensidad, talento y una violencia latente que terminó por desbordarse. El Bayern de Lattek aplastó al Madrid en una noche de abril en la que Matthäus marcaba el ritmo en el centro, Brehme aportaba salida y profundidad con su zurda, y Hoeness dominaba los balones aéreos. Al Madrid, que veía alejarse la posibilidad de una final europea, le quedó la frustración y, al final de ella, Juanito. Hubo intentos de remontada desde el ambiente, pero en el Bernabéu el Madrid solo pudo ganar 1-0.
Antes de llegar a San Siro, el Olympiastadion ya aparecía como un símbolo de la Alemania moderna surgida de los Juegos de 1972, con el mensaje de romper con el pasado. Allí también empezó a calar la idea de que ganar la Copa de Europa no era lo mismo que ganar la Liga. Al año siguiente, el Madrid eliminó al gigante alemán, pero en semifinales volvió a caer frente al PSV. Para entender las nuevas rutas hay que revisar las viejas. En la década de los 90 no hubo un clásico Bayern-Madrid, pero el cruce regresó en los 2000.
Desde entonces se han contabilizado nueve enfrentamientos en eliminatorias: seis victorias del Madrid por tres del Bayern. El dominio blanco en el tramo final ha sido contundente: 2014, 2017, 2018 y 2024. El Real Madrid tiene un componente difícil de medir, la memoria, y en ocasiones la utiliza incluso durante los partidos. Si la temporada se complica y amenaza con cerrarse en abril, el Bayern ha ganado 1-2 en casa, y la vuelta se vuelve cuesta arriba, el Madrid encuentra recursos para mirarse al espejo y sacar conclusiones: esta generación, de la que ya solo queda Carvajal, ha ido destruyendo a su paso por la Champions frustraciones, complejos y estadísticas. Lo saben también los más nuevos: Vinicius, junto a Kroos, hizo temblar una defensa alemana.
La víspera resulta siempre determinante, porque el folio en blanco puede escribirse de múltiples maneras. Presentarse en Alemania es presentarse en la historia: crecimos con la Quinta y crecimos con Múnich, y dos cosas que ya no existen son: primero el Olympiastadion, y segundo el miedo.
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