Mourinho reordena el caso de Vinicius Jr. con un nuevo diagnóstico

Imagen gracias a: El País (América)

Mourinho reordena el caso de Vinicius Jr. con un nuevo diagnóstico

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José Mourinho, en su segundo advenimiento, plantea un enfoque distinto sobre lo que ocurre con Vinicius Jr. en los campos de la Liga: el problema no estaría en el comportamiento del futbolista, sino en la actitud de quienes se arrogan el derecho de decidir cómo debe actuar por el hecho de ser negro.

En los 13 años en los que José Mourinho ha estado fuera de España, varios episodios han tenido a Vinicius Jr. como protagonista, en un contexto marcado por incidentes que han derivado en condenas. Un juzgado condenó a tres aficionados del Valencia por un delito contra la integridad moral, con agravante de discriminación por motivos racistas. La pena fue de ocho meses de cárcel para cada uno por “gritos, gestos y cánticos” dirigidos contra el futbolista brasileño, acompañados de “evidente desprecio al color negro de la piel del jugador”. Aquella tarde no fueron los únicos insultos ni las únicas personas implicadas, y tampoco se trató de un caso aislado en cuanto a partido o estadio: Vinicius Jr. se ha sentido agredido no solo por jugar en el Real Madrid, sino por su condición de ser negro.

El historial también incluye otro episodio judicializado: hace poco más de un año, un juzgado impuso penas de entre los 14 y 22 meses de prisión a cuatro miembros del Frente Atlético por colgar un muñeco con su camiseta de un puente.

Con un solo partido disputado lejos del Bernabéu, y ya en esta etapa como entrenador del Real Madrid, Mourinho habría identificado que sucede algo con Vinicius Jr. en los terrenos de juego de la Liga. Además, el técnico estuvo presente cuando François Letexier activó el protocolo antirracismo en Lisboa tras la denuncia del madridista contra Prestianni. En ese marco, Mourinho parece haber optado por reorientar el caso hacia el bullying de los adversarios y del público rival hacia su futbolista. Esta lectura gana fuerza si se dejan de lado los episodios racistas sufridos por Vinicius Jr. a lo largo de su carrera, incluidos los ya mencionados y sancionados.

La denuncia de Mourinho introduce nuevos matices en el panorama e incorpora también nuevos actores. En España, no han faltado medios de comunicación que se mostraban incómodos con el debate del racismo, ya por falta de costumbre o por haber coqueteado con planteamientos de este tipo en múltiples causas. En cambio, el bullying evita ciertos riesgos: no genera el mismo conflicto para quienes se sienten interpelados por el racismo, y además permite distribuir responsabilidades de una manera más amplia.

La lógica que se desprende de ese planteamiento es clara: si existe bullying contra Vinicius Jr., debe haber uno o varios acosadores, pero también hay “algo” en el futbolista que provoca esa reacción. En esa línea, podrían entrar su carácter, sus gestos, sus bailes, sus protestas y hasta la forma en que celebra los goles. Se vuelve entonces a un terreno más familiar, donde cada insulto puede buscar una justificación y donde a la víctima se le atribuye parte de culpa. No sucede lo mismo con el racismo, que resulta menos negociable: discutir si Vinicius Jr. provoca al público y a los rivales puede abrir debate, pero resulta más difícil justificar que se llame “mono” a una persona.

Por eso, la palabra elegida por Mourinho podría generar más consenso: no niega lo que ocurre, sino que lo rebautiza. Al hacerlo, quienes durante años han entendido cada episodio como una ocasión para revisar lo ocurrido con Vinicius Jr. podrían incorporarse a la denuncia sin necesidad de reexaminar el archivo con detalle ni de entrar en dinámicas de borrado de mensajes. El planteamiento final que deja Mourinho es que, quizá en los próximos partidos, se termine por identificar que el problema no fue el comportamiento de Vinicius Jr., sino que demasiada gente se creyó con derecho a decidir cómo debía comportarse simplemente por ser negro. No es que antes faltaran pruebas ni denuncias, pero ahora aparece otro diagnóstico que, según el enfoque del portugués, todo el mundo parece dispuesto a escuchar.

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