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Jon Rahm y el “aita” como llave mental: su familia y el Masters de Augusta

Jon Rahm y el “aita” como llave mental: su familia y el Masters de Augusta

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El golfista vasco explica que compartir el torneo con su mujer, Kelley, y sus tres hijos le permite despejar la mente tras cada ronda, un impulso que compara con el que tuvo en los dos grandes que ha ganado.

Imagen gracias a: El País (América)

El Masters de Augusta también se vive desde el lado más familiar, y Jon Rahm lo convierte en parte esencial de su rutina mental. El golfista vasco asegura que contar con su mujer, Kelley, y con sus tres hijos durante la semana del torneo le ayuda a desconectar cuando regresa a casa después de cada vuelta, sin importar si el resultado fue mejor o peor. Esa conexión con lo cotidiano, afirma, le ha servido en los dos grandes que ha conquistado.

Una de las tradiciones que hace especial el torneo es el concurso de los pares tres, un certamen de hoyos cortos que se disputa el miércoles por la tarde previo al comienzo de la competición. En esa jornada, los golfistas pueden participar acompañados por sus familiares, normalmente sus parejas e hijos, que suelen aparecer con los famosos monos blancos de los caddies. El evento deja imágenes entrañables, muy distintas a las que suele ofrecer un grande y al ritmo habitual del deporte de élite.

En la edición del miércoles, Sergio García acudió acompañado de sus hijos, Azalea y Enzo, que mostraron buen toque para el putt. Jon Rahm, por su parte, llevó a sus tres pequeños: Kepa, Eneko y Alaia, de cinco, tres y un año, respectivamente. “Aita”, llaman los muchachos a su padre durante esta ronda festiva, y después se comunican en inglés.

“Esto se disfruta mucho”, comenta Rahm tras la actividad, aunque reconoce que requiere esfuerzo con los tres pequeños: “con cinco y tres años y la más pequeña sin siesta”. El golfista vasco añade que, al no entender todavía qué está ocurriendo, “son muy pequeños para entender las reglas del golf y mayormente tengo que estar pendiente de que no se me caigan al agua porque alguna vez me da miedo”. Aun así, subraya el componente lúdico: “Es muy divertido aparte de eso. Tener un día así en un evento tan importante es especial. Son imágenes que tenemos de por vida. En casa tenemos fotos de cada año y vemos cómo va creciendo la familia”.

Rahm con su mujer, Kelley, y su hija Alaia. Ashley Landis (AP)

Esa misma idea de desconexión se mantiene durante toda la semana. El golfista señala que el acompañamiento de su familia le ayuda a volver a la realidad al terminar cada ronda, justo cuando llega a casa. “Me ayuda mucho en los dos casos. Si juegas mal, da igual. Y si juegas bien, también da igual. Es lo que me pasaba en el US Open y en el Masters, que llegaba a casa y si no se habían dormido les daba exactamente igual, solo querían que les bañase, les pusiese el pijama y a la cama a leerles los dos cuentos como hacemos en casa. Los niños tienen una capacidad de hacerte desconectar de lo que es el deporte y volver a la realidad. A mí me viene muy bien”, explica, en referencia a esa ayuda mental que lo llevó a conquistar sus dos grandes: el Abierto estadounidense de 2021 y la chaqueta verde en 2023.

Ahora, Rahm afronta el siguiente reto a partir de este jueves, con la intención de buscar un tercer gran triunfo. No interpreta su victoria de hace tres años como una ventaja determinante y lo resume con una comparación: “Hay que hacerlo otra vez. Si has llegado a la cima del Everest y vuelves a bajar, hay que subir otra vez. Lo que hayas hecho no vas a poder hacerlo igual, hay que buscar otra manera de hacerlo. Es como una adivinanza compleja. Sabes que lo puedes hacer pero hay que hacerlo”.

Cuando termine la jornada y regrese a casa, el rol que seguirá predominando será el de “aita”. Rahm asegura que sus hijos aún no son conscientes de que su padre está entre los mejores golfistas del mundo: “No tienen ni idea. Kepa me sigue preguntando por qué firmo banderas. No tienen el concepto del mundo en el que vivimos”.

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