In memoriam: Otón Chávez Pazmiño, legado deportivo y periodístico

Imagen gracias a: El Universo

In memoriam: Otón Chávez Pazmiño, legado deportivo y periodístico

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Otón Chávez Pazmiño, periodista y cronista histórica, falleció dejando una huella marcada por su pasión por el fútbol y por la labor en los medios. Nieto de Modesto Chávez Franco e hijo de Rodrigo Chávez González, consolidó una trayectoria que unió crónica, deporte y dirigencia, además de participar como actor en el Clásico del Astillero.

Las despedidas por el fallecimiento se acercan con frecuencia y con ellas llega la certeza de la finitud. En ese marco, el luto se convierte en acompañamiento para quienes compartieron con Otón Chávez Pazmiño los tramos más amplios y luminosos de la vida.

Otón fue una presencia que marcó el camino durante más de sesenta años. En ese tiempo se forjaron afinidades profundas basadas en principios y valores comunes, que con el paso de los días se transformaron en una hermandad. Tertulias prolongadas, el orgullo por el pasado vicentino y una pasión constante por el fútbol fueron parte de esa historia compartida, junto con los desvelos por el periodismo, la historia y la literatura.

El periodismo y la crónica histórica le latían a Otón en el torrente sanguíneo. Provenía de un linaje reconocido: era nieto de Modesto Chávez Franco, cronista vitalicio de Guayaquil, e hijo de Rodrigo Chávez González, historiador y poeta que fundó y dirigió la primera página deportiva de EL UNIVERSO. Otón honró esa herencia y la llevó a su propio terreno: comenzó publicando su prosa en columnas de opinión, entre ellas su célebre Casilla deportiva, y luego asumió la edición de Deportes, tras el llamado de Carlos Pérez Perasso, en aquellos días al frente del Diario.

En la memoria queda una tarde de 1990, en la esquina de Víctor Manuel Rendón y Escobedo, cuando surgió una propuesta surgida de su interés por contar, desde una columna, las mitologías de la historia deportiva. Así nació Anécdotas del domingo, espacio periodístico que se mantuvo durante ocho años. Otón, además, prologó el libro Recuerdos de Unión Deportiva Valdez y dejó sus letras impresas en una colección de anécdotas que aún no ha sido publicada. También sus prólogos y bendiciones fraternas aparecen en Historia del fútbol guayaquileño y en George Capwell, el gringo guayaquileño.

Como deportista, Otón destacó desde la infancia, cuando jugaba al fútbol en las calles cercanas a la piscina Olímpica. Su gambeta se mezclaba con la de hombres que ya tenían reconocimiento: Alfredo Bonnard, cuando actuaba de delantero en el club México; Homero Cruz; y los hermanos Carlos y Víctor Garzón, que ya defendían los colores del Panamá SC. Para 1954, era el piloto de ataque de la legendaria selección del Colegio Vicente Rocafuerte, compartiendo cancha con jóvenes que más tarde escribirían páginas en la primera división, como Santiago Elejalde, Alfredo Morán y Jorge Lazo. Un gol suyo, con peso de historia colegial, dio al Vicente el título de campeón intercolegial.

Su nombre conserva un registro singular y cargado de simbolismo: fue el único periodista deportivo que pisó el césped como actor y protagonista de un Clásico del Astillero. Ingresó a las divisiones juveniles de Emelec en 1951, integrando una nómina de muchachos notables: Cristóbal Jalón, Jaime Ubilla, Carol Farah, Otto Legarda, Heriberto Alvia, Adulfo Patita Estrella y Pacífico Centeno. El 24 de julio de 1954, el estratega chileno Renato Panay lo ubicó en la titularidad para el partido de las pasiones del puerto. Los eléctricos salieron con Humberto Vásquez en el arco; Jaime Ubilla, Eladio Leiss y Alfredo Morán en la zaga; Galo Solís y Bolívar Herrera en el medio sector; y un ataque conformado por Carlos Romero, Júpiter Miranda, Humberto Suárez, Otón Chávez y Eduardo Bomba Atómica Guzmán. El encuentro terminó con un empate a dos goles.

Después defendió las divisas de Español y Favorita, antes de regresar a su amado Emelec. Se retiró de las canchas en 1958, con 24 años, cuando aún tenía fútbol por ofrecer. Sin embargo, el fútbol no lo abandonó: cambió de trinchera. Se convirtió en dirigente e integró la comisión de fútbol azul en la recordada época de Fernando Paternoster. Más adelante, llegó a la presidencia de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, donde su conducción fue reconocida por su prestigio y señorío.

Otón supo combinar la rigurosidad del dirigente con la eficacia del administrador en importantes empresas, sin renunciar nunca a su vocación en el periodismo deportivo, donde dejó un legado profundo y duradero.

Hoy, en el momento del silencio y del adiós definitivo, sus colegas y amigos lo despiden con nostalgia. Su recuerdo permanecerá en la memoria de dirigentes probos y en las plumas de periodistas de línea crítica e independiente. Esa escuela de dignidad que construyó durante décadas, sin rendirse ante tentaciones ni ceder a presiones de quienes detentan el poder, queda como parte esencial de su legado. Sobre su tumba recién abierta, donde la tierra aún está fresca, no crecerá el olvido para Otón Chávez Pazmiño.

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