
Imagen gracias a: El País (América)
El Madrid compite hasta el final: Bellingham, Vinicius, Mbappé y el pulso liguero
En una reflexión sobre la temporada madridista, se destaca el papel del equipo blanco en los momentos más exigentes: competir, apretar y sostener el carácter hasta el final. Bellingham aparece como líder con ambición, Vinicius genera dudas por su enfoque irregular en partidos clave y Mbappé combina un estilo brillante con episodios de apatía cuando la ecuación no sale.
Unas cuantas opiniones personales marcan esta lectura de la temporada madridista, en un tramo final largo y tenso, donde la identidad del equipo se vuelve especialmente visible.
Bellingham es, a juicio del autor, un jugador diferencial: con carácter, ganas y fuerza para triunfar, como ya demostró en su primer año. Además, por lo que transmite en el campo, se le ve con perfil de líder dentro de la plantilla.
Sobre Vinicius, la opinión cambia con fuerza. El Vinicius de 2024 se considera el mejor jugador del mundo. Sin embargo, el texto señala que resulta llamativo que, pese al progreso físico y competitivo y a que mentalmente mantenga el mismo perfil —incluso más desquiciado que hace cinco años—, en algunos partidos importantes no se llega a entender del todo en qué posición o papel está. En ocasiones, incluso para ubicarlo sobre el terreno hay que seguir la mirada al árbitro. Se describe a un futbolista que, si está al 100% enfocado, es tan bueno y determinante que desespera a quienes creen en su mejor versión cuando apenas llega a ese nivel en pocos partidos.
Se menciona también el tema de los pitos en el Bernabéu y cómo el autor no comparte esa reacción del público hacia Vinicius, aunque entiende los avisos que, según el texto, provienen de un entrenador con la idea de corregir conductas: dejar de hablar, dejar de exagerar y no saltar ante cualquiera, porque el rival, por el hecho de ser él, se dirige continuamente a provocar. En el relato se incluye una escena con Gonzalo en una pared enorme, un amago a dos rivales del Espanyol y un gol que, según el autor, no parece explicarse solo por estar leyendo críticas en un artículo que saldrá mañana. Se añade que, acto seguido, Vinicius golpea la pelota con fuerza tras un taconazo de Bellingham. Luego, se plantea una comparación: “Vamos a probar con Mbappé, por si se le da por aparecer en el Camp Nou”.
En cuanto a Mbappé, el texto lo vincula con la idea que se atribuía a Guti: en los partidos menos interesantes, se buscaba que apareciera a través de recursos que explotaban el despiste del público y el contraste de la figura del jugador. Se afirma que hay partidos en los que la sensación es que Esther Expósito se desmarcaría mejor que el francés. El autor también recuerda que ambos pasan unos días en Italia, con un contexto de lesión de Mbappé, y que la expresión “aprovechar una lesión” lo resume todo. Aun así, se declara que el delantero entusiasma por su velocidad, potencia y capacidad abrasiva para quemar a la defensa contraria. Se subraya además que su estilo encaja con el “muy Real Madrid”: se puede jugar a cualquier cosa que Mbappé jugará a la suya y, con permiso de Courtois, el partido puede acabar saliendo.
Pero cuando no funciona la “torturada ecuación”, el relato apunta que la apatía —también de Mbappé— termina por arrastrarlo todo.
El texto cierra con un balance del momento del Madrid: el equipo ganó en Barcelona, pero ante el Espanyol; falta el Barça. Se afirma que el Madrid cumple una función histórica: ser el Madrid también en las circunstancias más duras, competir y apretar hasta el final, tal como se resume en su historia sencilla.
Después de partidos considerados “inanes” en los que se habría tirado el campeonato, existía la tentación de no arriesgarse a que el Barça lo consumiera en el Camp Nou como un festín de guerra y celebrar el título allí. El autor sostiene que, si eso ocurre, no sería porque los blancos vayan a regalarlo ni porque ante el Espanyol bajaran marchas y cedieran el alirón al Barça en el día libre que correspondía. En cambio, se insiste en que “se viene a jugar” y “se viene a merecer” victorias y derrotas.
Esa exigencia se atribuye a Arbeloa, que trasladó a los jugadores la idea de que, si se pierde la Liga, no será por falta de carácter en los momentos finales, en los minutos delicados ni en los partidos de siempre. Por eso, concluye el texto: “Así que vivos, al menos.”
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