El billar como punto de partida en la saga de Martín Caparrós

Imagen gracias a: El País (América)

El billar como punto de partida en la saga de Martín Caparrós

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Martín Caparrós inaugura con Todo por la patria la serie protagonizada por el pibe Rivarola, una novela policial que gira en torno a la desaparición de un futbolista.

Portada del libro 'Todo por la patria', escrito por Martín Caparrós.

En general, los hombres no suelen hablar con facilidad sobre sentimientos, inquietudes o deseos. Para lograr que esa conversación aparezca, suele funcionar algún elemento que rompa la rigidez y habilite la apertura. Un juego puede cumplir ese rol: mientras se preparan los tacos con tiza y se observa la mesa en busca de la mejor opción, el diálogo va ganando espacio. Entre la competencia y las apuestas, el clima se afloja lo suficiente como para que salgan a la superficie temas más profundos.

En ese marco arranca Todo por la patria (Galaxia Gutenberg), primera entrega de una serie de seis novelas escrita por el periodista y escritor argentino Martín Caparrós. El protagonista es el pibe Rivarola, personaje central de Los tanguitos de Rivarola. Se trata de un buscavidas que aspira a escribir tangos, aunque su capacidad para la composición no termina de acompañarlo. Por eso, o por la lógica del chiste —que sugiere que peor que trabajar es trabajar—, termina metiéndose en el periodismo. También influye el atractivo que algunas personas tienen por estar donde ocurren los acontecimientos, y por la habilidad para crear el clima necesario para que alguien, en algún momento, decida contar lo que lo preocupa.

Esa dinámica se ve desde el inicio con el Gorrión Ayala, amigo de Rivarola con quien juega al billar en la primera escena. Al revisar en la primera página del diario el nombre y la foto de Bernabé Ferreyra, jugador estrella de River Plate que lleva unos días desaparecido, Ayala reacciona de inmediato. Es madrugada y un chico acaba de entrar al local de billar con los periódicos del día que está por comenzar. Al amanecer, ya de salida por Buenos Aires, Ayala le confiesa a Rivarola que Ferreyra no le ha pagado la cocaína que le proporcionó y advierte que, si no aparece, se desencadena un problema serio.

A partir de allí se abre una aventura marcada por el tono porteño, con rasgos de novela negra y un contexto histórico delicado: 1933, con el fascismo asomando en el horizonte.

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